«A ti te concederé como botín la vida, donde quiera que vayas» (Jer 45,5b)
«Alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo» (Lc 10,20b)
«No todo el que me dice: ¿Señor! ¿Señor!, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt 7,21)
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Una señora temerosa de Dios, que había sido muy buena en la tierra, que no había hecho mal a nadie,… cuando llegó al cielo se extrañó al ver que todo el mundo se había salvado. Entonces se acercó a Dios y le dijo:
—¿Por qué todos, incluso los malos, hemos venido al cielo?
—Porque mi amor misericordioso es así, no conoce límites. Pero…, dime una cosa, si me haces esa pregunta eso quiere decir que no lo conocías de veras. ¿A qué se debe el que tu hayas sido buena en la tierra?
—Señor, siempre tuve mucha fe, y temía al infierno.
—Ya ves, querida, también tu te has beneficiado de mi amor misericordioso; pues ser bueno, tener fe y temor a condenarse, no basta, sin amor nada de eso es suficiente.
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«Aunque yo hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles,… Aunque tuviese el don de profecía y conocieses todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuvieses tanta fe que trasladase las montañas, si no tuviera caridad, nada soy. Y aunque …, si no tuviera caridad, de nada me sirve.» (1 Cor 13,1-3)
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«Dios, que ha creado y da la vida a los hombres,… nos prometió a todos la inmortalidad; a nadie excluyó de sus beneficios celestiales.» (1).
«Si Dios está por nosotros, ¡quién contra nosotros? El que aún a su propio Hijo no perdonó, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente con El todas las cosas?» (Rom 8,31-32).
Aunque nadie puede salvarse a sí mismo, también es cierto que «Dios quiere que todos los hombres se salven» (1 Tm 2,4) y que para El «todo es posible» (Mt 19,26).
«Es más difícil condenarse que salvarse, ya que quien nos quiere salvar es el mismo Dios, amante insuperable, subido al leño de nuestra mortalidad» (Karl Rahner) (2)
Dios quiere salvarnos. Esto es magnífico, maravilloso. El mismo Dios. ¡Qué certeza la nuestra, qué esperanza, qué alegría que nada ni nadie nos podrá quitar! Amén. Cualquier cosa que hagamos, cualquier iniciativa nuestra, puede entorpecerlo; pero para Dios no hay obstáculo insalvable, Dios es mayor que todo.
Dios si perdona y salva, es justo, aunque nos parezca que hay parcialidad si no se es merecedor de tal salvación, pues Dios obra con justicia para sí, según su bondad. Dios al perdona y salvar obra en justicia con su ser que es bondad, amor y misericordia. «En Dios la justicia es llamada a veces expresión de su bondad; otras veces, retribución de méritos.» (Sto Tomas) (3). Para los buenos se hará «justicia»; para los malos, misericordia.
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«Que algunos se salven, es don del que salva; pero que algunos se pierdan, es merecimiento de los que se pierden». (4)
La rebeldía y el endurecimiento del corazón, la negación al Amor, ¿será un pecado insalvable? Dios quiere que nadie se pierda y que todo el mundo se salve. ¿Una voluntad contingente, una libertad circunstancial, será invencible a la voluntad piadosa de Dios Padre, la acción amorosa del Hijo introducción a la humanidad en el corazón de Dios dejará que parte de esa humanidad fuera para siempre, eternamente? ¿Una voluntad y libertad contingentes pueden suponer una condena infinita? ¿Una responsabilidad limitada, puede acarrear una desgracia eterna? ¿Una culpa temporal-histórica puede conllevar una pena eterna?
«Se dice `Sólo va al infierno el que quiere'». (5) Pero ¿quién querrá tal cosa?
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1.- LACTANCIO: «Instituciones divinas», en SIERRA BRAVO: o. c., 1299/623
2.- En DE ANDRES, R.: o. c.,
3.- S. Th. I, c.21 a.1.
4.- DZ 623 (318).
5.- GARCIA MORENTE, M.; «Ejercicios Espirituales», Espasa-Calpe, Madrid 1961.
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