- Quien vive según la ley natural, obedeciendo a su conciencia, está actuando —lo sepa o no— según la voluntad de Dios. De modo que Dios actúa en él y es santificado.
- Consideremos la voluntad de Dios, que la ha manifestado pensando en nuestro bien. Quien por puro amor nos ha dado la vida, de igual manera nos ha
- Se da muy en general que cualquier cosa, sin verdad y contenido duradero, se constituye como pasión o razón de ser; en ello mucha gente se juega la vida, sin saber que es una apuesta inútil.
- Se oye con cierta frecuencia que hay mucha gente atea buena y que para serlo no se necesita tener fe. Y yo les digo que si creyeran sería mayor en número y en intensidad. Cabe aplicar a esto aquello de Dostoyevski: “Si Dios no existe, todo está permitido”.
- Que los creyentes practicantes son —per se— mejores que los no creyentes es obvio, por la sencilla razón de que quien se proponen en su vida —al margen de otras consideraciones— ser bueno y hasta santo, siguiendo la voluntad de Dios, es más probable que lo sea que quien tiene en su vida otros propósitos, como alcanzar una meta mundana: llegar alto, hacer fortuna, ser un gran profesional, etc.
- El dar o no una respuesta al sentido de la vida es algo muy serio. De esto eran conscientes los pensadores existencialistas, que afirmaban la no respuesta aboca al absurdo y a coquetear con la idea del suicidio. Y aun que no se llegue a esto extremos, lo cierto es que la carencia de sentido profundo crea una insatisfacción vital que con el tiempo se instala en el interior proporcionando una tonalidad existencial de una invisible insatisfacción y hasta frustración, que a veces, sin venir a cuento se manifiesta como un vómito de amargura.
- Hay un sutil demanda interior, pero real, persistente e imborrable, que no se puede esquivar, sustituir o acallar por nada, por mucha paletadas de cosas mundanas con las que se la pretenda enterrar. Es algo propia de la naturaleza humana, en su mismidad, que es así, abierta a la Trascendencia, es el alma humana que pide respirar lo sobrenatural.
- La paulatina normalización de pecados que se está dando hoy día como nunca es una dramática mimetización del mal, una mal rampante, que como un virus contagioso que va haciendo epidemia envenenando mortalmente el alma humana.
- El engolfamiento en los placeres de la vida hace a la persona egoísta y la despoja de su vocación espiritual, reduciéndola a la crasa materia y focalizándola en un instintivo impulso por satisfacer sus intereses; lo cual supone una pérdida de ser, de humanidad.
- Dios ha querido que la balanza del bien tenga más peso que la del mal. Un mismo bien o mal, pesa más aquel. Todo es por pura bondad del Creador, que pensó misericordiosamente las cosas así, para salvar a muchos y que nadie se pierda, si es posible; que por su parte no quede.
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