- “Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual no es posible ver a Dios.” (Hb 12,14). Tengamos muy presente esto, en todo momento, como verdad suma: Sin vivir santamente no se llegará a ver al Señor, ni en esta vida ni en la eterna.
- Creer nos proporciona un tono de gran tranquilidad vital; la esperanza de saber que Dios existe y que está de nuestra parte,
- Como muy certeramente plasmara Goya en uno de sus cuadros, «el sueño de la razón produce monstruos«. Vio claro lo proveniente de la Ilustración. Y hoy día, los monstruos han adquirido dimensión cósmicas (o globales): Actualmente, ideologías progres, woke, pretenden implantarse de manera imposible en una realidad que les contradice, es decir, la superestructura que quiere suplantar la estructura, posicionarse subvirtiendo la realidad. Esta manipulación pervertidora de la verdad de la naturaleza de las cosas, no se puede llevar a cabo si causar grave dolor. Como botón de muestra, baste la ideología de género que pretende remplazar lo que la biología muestra como la doble sexualidad humana.
- Nadie podemos huir de la propia sombra (lo oscuro que proyectamos); sólo cabe que Dios se apiade, y su luz nos envuelva.
- Cuanto menos se piensa, menos se cree. De modo que hoy existe un evidente miedo a pensar; el pensar complica la vida. De ahí que crezca el ateísmo.
- En tiempos pretéritos, las personas en torno a una lumbre, en las largas noches de invierno, pasaban mucho tiempo discurriendo en el silencio. Este pulso vital -«contemplación»- hacía ver la existencia en una perspectiva de la que hoy se carece; con todo cuanto ello supone. El ser humano pese a condiciones vitales duras, difíciles, amaba la vida, y no se suicidaba tanto como hoy día, donde todo resulta más
- Tras una homilía los presentes no han de decir ¡qué buen sermón¡, sino ¡qué buenos es Dios». Esto decían los feligreses tras escuchar al Cura de Ars, san Juan M. Vianney. Lo primero sería referente a algún brillante erudito, y nada más.
- A la propuesta arriesgada de Jesús de mandar a los suyos a anunciar -con el testimonio incluso de la vida- el Evangelio, avisándoles de que nos hallaremos como corderos en medio de lobos, Jesús lo hace sabiendo que hay una esperanza mayor, especialmente tras la muerte, si ese el cáliz a beber.
- Son tiempos en que –sin precedente– se ha minado irracionalmente la naturaleza humana, de la que surge la ley natural en la que se fundamenta la moral universal que nos obliga y asemeja a todos. De modo que una convivencia sin una fundamentación ética se hace complicada y a la larga invivible. O sea, a lo que nos encaminamos. Lo que explica la inflación de leyes correctoras de la cada vez descontrolada conducta amoral.
- Esta es como una intuición, que me ronda cada vez más como certeza: el Maligno, el padre de la mentira -actualmente, como nunca- ha pergeñado, como estratega sofisticada de su maldad, emplear lo que son virtudes humano-cristianas, para obtener sus propósitos: así se sirve de atizarnos con lo contrario a lo que somos –testimonio de amor– para acusarnos de ser «odiadores», aplicándonos una –paradójicamente– ley del odio; otro ejemplo es el de que algunos miembros de la jerarquía, en su afán por mostrarse cercanos y acogedores, acordes con el mundo y las ideologías modernas, han caído en a trampa del buenísimo, de renunciar a la verdad –y sus exigencias, como renuncia al pecado– por una artera compasión; es decir que en nombre de la virtud de la misericordia es impropios decir a nadie que no ha de pecar. El Maligno tiene la astucia de la serpiente, no lo olvidemos.
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