Pensamientos de Fe (141)

  1. Kant dijo que dos cosas le llenaban de admiración y respeto: «el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí«. Hoy día, la mirada se dirige no a lo alto, a la bóveda celeste, sino a la materia más física y grosera, ni tampoco el oído del alma presta atención a lo que venga de profundis de uno mismo. Esta ceguera y esta sordera son mortales.      
  2. «La falta de conciencia no es la ausencia de conciencia, sino una tendencia a no tener en cuenta su juicio» (Kant). Lo que viene a suponer, en sentido práctico, lo mismo. Y esa tendencia se puede -como así ha sido, después de dos siglos- consolidar, hasta una desaparición de la misma conciencia. Esto hoy es un hecho: se vive en la amoralidad, sin escrúpulo ni sentimiento de culpa o responsabilidad, tras el endurecimiento interior o encallamiento de la conciencia.   
  3. Sólo en el silencio –favorecido por la gracia sobrenatural- la criatura humana logra oír en el fondo de su conciencia la voz de Dios, que lo hace verdaderamente libre. 
  4.  La verdad, Jesús, no fue reconocida por Pilato; es más, en su sentido genérico fue negada, preguntado escéptico: ¿qué es verdad? Y la sometió a lo que dijera el gentío, es decir, la sustituyó por el clamor de la mayoría, por plebiscito, tal y como ocurre hoy día democráticamente: por el voto. La verdad es lo que se diga, en un momento dado y en unas circunstancias cambiantes y en unas opiniones manipulables, etc. A esto se ha reducido: a que como tal no exista. Estamos dramáticamente perdidos.   
  5. La identificación de la satisfacción del deseo y la felicidad, principio axial existencial fundamental de hoy día, que supone a su vez en una constante insatisfacción de cada vez mayor satisfacción; de modo que umbral de la excitabilidad retrocede, y se necesita un continuo crecimiento del estímulo, que no tiene fondo. Fondo por el que se acaba cayendo.
  6.  La persona humana es un ser religioso, per se.  Cuando se trata -como ahora- de cegar esa apertura trascendente a la fuente de la gracia, se termina en gran medida de ahogar esa  sed o inquietud religiosa, que se ha morfoseteado en ideologías antropólatras, o morales en que busca halagar al ser humano otorgándole el satisfacer sus deseos en  derechos, en que se le permiten cambiar de sexo, abortar, abandonar a tus seres queridos, suicidarte, etc. 
  7.  Queda la esperanza que  por mucho que se trate a la naturaleza humana de trastocarla, modelar o hacerla desaparecer como tal naturaleza genuina, con conciencia espiritual, surgida de las manos de Dios, la naturaleza humana permanecerá siempre siendo la misma y no puede ser manipulada mucho tiempo… De modo que, tarde o temprano, se acabará provocando una rebelión ante violación de la naturaleza, que no puede ser tan alegremente cambiada.
  8. La fe católica no es nada irracional, a diferencia de todas otras y del tantos movimientos, organizaciones  y partidos ideológicos, que a efectos prácticos y reales están sometidos –se acepte voluntariamente o no- por un componente fanático fundamentalista, que se impone, por el interés egoísta o por alguna otra causa ciega.
  9. La irracionalidad de la razón. Esto es lo que sucedió con la Ilustración. Lo que Goya pintó con profunda intuición en su obra «el sueño de la razón produce monstruos». Y hoy día esta irracionalidad se ha acentuado. La irracionalidad es anticristiana, por eso que hoy se cree tan poco. El cree cristiano es absolutamente razonable, pues somos hechos por Dios como seres con razón.
  10. Tener fe se traduce en hacer la voluntad de Dios. Todo lo que se aparte de esto,  de esta íntima conexión, por mucho que se diga creer no es verdad, sino engaño manifiesto.

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