Pensamientos de Fe (134)

  1. Sea anatema decir que en la vientre de la madre no hay vida humana: cuando la Virgen María estando embaraza de muy poco tiempo (alguna semana) se presentó en casa de Isabel, embarazada (de unos 7 meses), ambos nasciturus se reconocieron vivos: “En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.” (Lc 1,40). Lo cual viene a constituirse en un dogma de fe.     
  2. Dios perdona siempre, todo y a todos. El problema surge cuando uno no se quiere dejar perdonar. Meter en el cielo a empujones a estos, no lo veo. ¿Qué hacer pues, para salvarlos? Nos queda la esperanza de que “para Dios no hay nada imposible” (Lc 1,37; cf. Lc 18,27).
  3. Hay eslóganes buenistas que son un peligro, por irreales y relativistas, como el de “aquí cabemos todos”, porque, como es el caso, conducen al “todo el monte es orégano”, y no puede ser, pues así no se cambia ni progresa a mejor persona. Nuestro objetivo es la santidad.
  4. Si alguien se respetara a sí mismo, dejaría de atiborrarse del consumo de esto que le hace tanto daño. La misma o más grave es la responsabilidad de aquellos que han de procurar que esto no suceda y no hacen nada…
  5. El materialismo es esa superestructura ideológica que trata de dar respuestas imposibles a preguntas que desconoce aunque existen, porque está en un plano equivocado, enajenado del ser humano. Un caso paradigmático; trata de saciar la sed de trascendencia humana, a base de algo que la contradice, la finitud; es decir, calmar la sed a base de agua marina.
  6. El materialismo, tan desgraciadamente en boga hoy día, ordena la vida de la gente desde la crasa materia, es decir reduce la vida humana a las estrictas leyes de la física y la química. Lo cual, obviamente, es atropellar la grandeza del ser humano; su espiritualidad, su conciencia, el juicio moral, la responsabilidad de su libertad, la nobleza, la capacidad de amar, etc.
  7. Se ven anuncios y recomendaciones de que no se fume mientras el embarazo, por no perjudicar al nasciturus; en cambio, desmembrarlo en el vientre para abortarlo, esos mismos no dicen nada. ¡Hipócritas!
  8. Si los padres dejan que a su hijo los eduque el mundo (ideologizado, de intereses, egoísta, materialista, inmoral, etc., etc.), andando el tiempo algún día descubrirán que sus hijos no son sus hijos, son unos extraños que les sorprenderán…
  9.  La opinión ideologizada, el deseo caprichoso, la voluntad soberbia, se chulean -no se atienden ni respetan- de la verdad, de los hechos, de la realidad, de la razón intelectual, de la razón práctica, de la naturaleza… En fin, de todo, con tal quebrar el sentido común del orden creado, que nadie puede desobedecer sin, en verdad, dejar de ser en parte humano.
  10. «Somos lo que comemos». Uno de los filósofo de la sospecha del siglo XIX, el ateo Ludwig Feuerback, fue quien pronunció por primera vez esta frase. Daba únicamente importancia al nutrir el cuerpo, desechando la visión de la fe religiosa de alimentar el alma. En el día del Corpus Christi celebramos qué comemos: el alimento celeste don de Jesucristo,  que nos hace ser lo come: cristiano semejantes a Él. «Nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo no tiende a otra cosa que a convertirnos en lo que comemos» (San León Magno).

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