Pensamientos de Fe (133)

  1. El único y verdadero secreto para vivir la fe cristiana no es otro que el hacer lo que le agrada al Señor.        
  2. La fe es el primer don que hay que acoger en la vida cristiana. Lo cual supone desechar la acedia, la inacción de la triste pereza, la flojedad de la tibieza. Hay que hacer un esfuerzo participativo del que recibe esa preciosa gracia de la fe.
  3. “El gran enemigo de la fe: no es la inteligencia, no es la razón, como por desgracia algunos siguen repitiendo obsesivamente, sino que el gran enemigo de la fe es el miedo.”, afirma el papa Francisco. El miedo de Pedro al andar en las aguas o el miedo de los apóstoles ante el mar enfurecido que amaneaba hundirles la barca; Jesús les reprocha que tengan poca confianza en Él, que sean temerosos.
  4. Es un hecho que el final nos espera a todos, pero la gente huye de tomar conciencia de lo que supone el propio desaparecer: “¿Qué será de mí?”; no hay respuesta factible a no ser desde la fe que abre a la esperanza que se sustenta en el amor de Dios. Sin Dios, pues, sobreviene la tristeza del sinsentido, del aciago sentimiento de inutilidad y absurdo de todo.
  5. De las tres virtudes teologales, «la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor” (1 Co 13,13);  es la que nos hace de la misma «pasta» de Dios, y la que quedará eternamente; la fe dejará de ser cuando estemos en su gloria y le veamos cara a cara, y la esperanza quedará consumada.
  6. La fecundidad de nuestra vida depende de la oración, sin ella nada se sostiene y la amistad con Dios se viene abajo por ausencia de comunicación y trato.
  7. Viendo el comportamiento absolutamente arbitrario, injusto, inmoral, avaro y hasta malvado de algunos, es de justicia que al final se saque todo a la luz para que quede patente quién contribuyó y quién no al bien o al mal del mundo. Los malos y la muerte no pueden ser quienes tengan la última palabra…
  8. Dios es el Señor de la incansable misericordia: Dios perdona todo, Dios perdona siempre, por más causas –impedimentos o pecados imposibles– que le interpongamos; somos nosotros quienes nos cansamos de pedir perdón o incluso de aceptar el perdón que se nos adelanta; y hasta esto Dios trata de corregirlo, para que no nos condenemos.
  9. Prestarse a la lógica de seguir el deseo, sin más, es caer en capricho, un instinto que lo desbarata todo y que no atiende a moral alguna. Lo que le sigue es la entropía o el desbarajuste del desorden interior.
  10. Al Espíritu Santo, “el gran desconocido”, se le conoce especialmente por sus efectos; estos son algunos de sus muchas manifestaciones: Experimentar al Espíritu Santo (I), Experimentar al Espíritu Santo (II). Y siempre y en cualquier caso, seguir la voz de la conciencia que invita al bien y ser fieles al sutil amabilidad de la gracia divina que nos constituye, semblante del Espíritu Santo que nos habita.

 

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