Occidente -en especial Europa- ha dejado de ser cristiano, pasando el relevo a otro renuevo

Nos hemos convertido en estatuas de sal, como la mujer de Lot que por desobediencia, como hicieron nuestros primero padres, le fallaron a Dios, fallándose a sí mismos. En el mundo Occidental, sin humildad, sin capacidad de escucha, desobedeciendo a la conciencia, con un corazón de piedra, nos hemos convertido en estatuas.

La apatía de los católicos de este mundo occidental es, en general y de todos los niveles (incluido obispos, y tal vez, especialmente estos, con alguna honrosa excepción) de una falta de coraje asombroso. Es una fe sin fibra, sin temple, sin entusiasmo, sin corazón.  

A este fe del Primer Mundo para estar dirijas estás palabras del Señor: “Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca. Tú dices: «Soy rico; me he enriquecido; nada me falta».” (Ap 3,15-17a).

Estas palabras de Péguy hace casi un siglo, hoy cobrar plena vigencia: “vivimos en un mundo moderno que ya no es solamente un mal mundo cristiano, sino un mundo incristiano, descristianizado (…) Si solamente fuera que los pecados han vuelto a rebasar los límites una vez más, no sería nada. Lo que más sería un mal cristianismo, una mala cristiandad, un mal siglo cristiano, un siglo cristiano malo… Pero la descristianización es que nuestras miserias ya no son cristianas, ya no son cristianas”.

Pero mientras el cristianismo decrece en Europa y en todo Occidente, de forma alarmante en un apostasía generaliza; a escala global está viviendo una edad de oro. Con cifras récord de conversiones, y a pesar de las persecuciones y asesinatos.

La esperanza de la fe está en otras tierras, en que se tiñen de la sangre de sus mártires. Tierras africanas y asiáticas. Haciendo verdadero el dicho de “la sangre de los mártires se convierte en semilla de nuevos cristianos”.

El África negra se ha convertido en la esperanza de la fe cristiano-católica. Y han asumido el compromiso con el Evangelio hasta las últimas consecuencias, viven la fe desde la perspectiva real: la de la cruz.

En este sentido vean esta noticia: Según informe de la Sociedad Internacional para las Libertades Civiles y del Estado de Derecho (Intersociety), “más de 600 cristianos han sido asesinados en Nigeria en los primeros cuatro meses del año” y unos 32.000 cristianos han sido asesinados en ataques islamistas desde 2009.” Esas tierras se han convertido en el granero de la fe, siendo vivero de muchos sacerdotes y de los misioneros del futuro para Occidente.  

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