Noé, el diluvio; ayer y hoy

La primera lectura de la liturgia del 16 de febrero trataba del Noé y el diluvio (Gen 6,5-8;7,1-5). Y decía así:

Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía sobre la tierra, y que todo su modo de pensar era siempre perverso, se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra, y le pesó de corazón. Y dijo: «Borraré de la superficie de la tierra al hombre que he creado; al hombre con los cuadrúpedos, reptiles y aves, pues me pesa de haberlos hecho.» Pero Noé alcanzó el favor del Señor. 

«Haré llover sobre la tierra cuarenta días con sus noches, y borraré de la superficie de la tierra a todos los vivientes que he creado.» 

 

Y siguiente la lectura (Gen 8,21-22) concluye:


«No volveré a maldecir el suelo a causa del hombre, porque la tendencia del corazón humano es mala desde la juventud. No volveré a destruir a los vivientes como acabo de hacerlo. Mientras dure la tierra no han de faltar siembra y cosecha, frío y calor, verano e invierno, día y noche».

 

Comentario:

Que cada uno piense si hoy como entonces la maldad y perversión está creciendo, para llevar a Dios a algo tan tremendo como el arrepentirse de haber creado al ser humano…

Dios, al ver que Noé y los suyos eran justos, decidió salvarlos del exterminio reservado para hacer desaparecer  los malos, que eran todos los demás pobladores la Tierra.

Después Dios realiza una promesa: la de no volver a tomar una decisión tan rotunda, pues conoce la pasta de barro con que está hecho el ser humano y su decadencia y precariedad a raíz del pecado original.

 

Aclaración:

El castigo profetizado con posterioridad por muchos profetas ante crecimiento de la maldad y el alejamiento de Dios (infidelidad, apostasía…) a lo largo de la historia humana y que se respete la promesa de no volver a ejecución de esa magnitud, tal vez deba entenderse en el sentido de que no tenga esas dimensiones destructivas, ni que sea consecuencia de un diluvio y por tantos días, etc. Pero que el castigo profetizado a la Humanidad pervertida y encanallada -maldad en la que cada vez más crece, sin perspectiva de corrección y amenazando su propia autodestrucción-, parece que va a ser un hecho. De modo que si entonces se salvaron unos pocos, la familia de Noé, en los tiempos próximos los que formen en número de los salvados serán esa parte denominada Resto del que hablan las profecías y revelaciones.

 

 

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