El Evangelio (Jn 3,1-8) de la Liturgia del día 28 de abril, narra el interesante encuentro de Jesús con Nicodemo, fariseo y con autoridad.
Nicodemo acudió a ver a Jesús de noche, por no ser visto por los suyos, judíos fariseos, y porque era de noche para él, estaba en la oscuridad, cagado a no entender… la espiritualidad del reino, es decir, a Jesús y su predicación: «el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios». Nicodemo se maneja en una mentalidad muy estrecha y mundana, «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo?».
Jesús se debió de quedar asombrado de las pocas luces de un hombre instruido. Y le aclaró: «el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.» Es decir, es un nacer de otro orden, un nacer espiritual, un renacer del alma por el Espíritu divino, que bajo su libre influjo la vitalizaría: «el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu«.
Y remata Jesús, haciendo alusión a su comprometida misión: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna». Lo cual nos recuerda la carta de san Pablo a los Filipenses (2,6-11), que se leyó en la segunda lectura del domingo de ramos: «Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.»
Lectura del santo evangelio según san Juan (3,1-8):
HABÍA un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta:
«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».
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Catena Aurea
San Agustín, In Ioannem tract., 11
Había dicho el Evangelista ( Jn 2,23) que cuando el Salvador estaba en Jerusalén muchos creyeron en su nombre viendo los milagros y los prodigios que hacía. Entre éstos se hallaba Nicodemo, de quien se dice: «Y había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo», etc.
Beda
Y también manifiesta la dignidad que tenía cuando añade: «Príncipe de los judíos». Dice a continuación lo que hizo: «Este vino a Jesús de noche: esto es, deseando conocer más claramente, en su conversación privada, los misterios de su fe, cuyos principios ya conocía por sus milagros.
Crisóstomo, In Ioannem hom, 23
Sin embargo, aún se detenía, por la cobardía común a todos los judíos ( Jn 12,42). En virtud de ello venía de noche, temiendo hacerlo de día. Por esto el Evangelista dice en otro lugar que muchos de los príncipes creyeron en el Salvador, pero no lo decían por miedo a los judíos, para que no los arrojasen fuera de la sinagoga.
San Agustín, ut supra
Y Nicodemo era del número de los que creyeron pero que aún no habían renacido, por esto venía de noche. Los renacidos por el agua y el Espíritu Santo oyen aquellas palabras del Apóstol: «Fuisteis en otra época tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor» ( Ef 5,8).
Haymo
Se dice muy oportunamente que vino de noche, porque oscurecido en las tinieblas de la ignorancia, aún no había llegado a alcanzar la luz necesaria para creer perfectamente que Jesús era Dios. La palabra «noche», en la Sagrada Escritura, se pone muchas veces en lugar de ignorancia. Por esto añade: «Y le dijo: ‘Rabbí: sabemos que eres Maestro venido de Dios'». Es bien sabido de todos que en hebreo la palabra Rabbí quiere decir maestro. Le llamaba Maestro y no Dios, porque creía que había sido enviado por Dios; y sin embargo, como se ha dicho, no le reconocía como Dios.
San Agustín, ut supra
Por qué había creído éste, se conoce en virtud de lo que añade: «Porque ninguno puede hacer estos milagros que tú haces, si Dios no estuviese con él». Por esto Nicodemo era de aquellos muchos que creyeron en su nombre viendo los milagros que hacía.
Crisóstomo, ut supra
Y sin embargo, a pesar de sus milagros, no había formado gran concepto del Salvador, sino que teniéndole como un ser meramente humano, habla de El como de un profeta que había sido enviado para hacer aquellos milagros, pero que necesitaba de ayuda ajena para hacerlos, siendo así que el Padre le había engendrado perfecto y suficiente en sí mismo, no teniendo nada imperfecto. Y como Jesucristo tenía gran cuidado de no revelar su dignidad y de convencer que nada hacía que fuese contrario al Padre, por esto en sus palabras se expresaba casi siempre en sentido humilde. Pero cuando hacía algún milagro lo hacía con todo su poder. Y así, respecto de Nicodemo, nada dice de sí mismo que pueda contribuir a su enaltecimiento. Pero de una manera oculta Jesucristo rectifica el concepto humilde que de El se había formado, dándole a entender que hace aquellos milagros con autoridad propia. Por esto añade: «Jesús le respondió y le dijo: en verdad, en verdad te digo, que no puede ver el reino de Dios sino aquél que renaciere de nuevo».
San Agustín, ut supra
Estos son, por tanto, a quienes Jesús se confía: los que habiendo nacido de nuevo, no vienen de noche, como lo hacía Nicodemo. Porque estos tales ya le confiesan. Por esto dice: «Sino aquél que renaciere de nuevo», etc.
Crisóstomo, ut supra
Como diciendo: como aún no has nacido de nuevo (esto es, de Dios en generación espiritual) el conocimiento que tienes de mí no es espiritual, sino animal y humano. Por esto te digo que, o tú o cualquier otro, si no nace de nuevo de Dios, no podrá alcanzar la gloria que me rodea, sino que se quedará fuera del reino. Porque la generación que se verifica por medio del bautismo es la que contribuye a la iluminación del alma. O acaso el sentido literal sea éste: «en verdad, en verdad te digo, que si alguno no fuere hecho», etc., esto es, si tú no has nacido de lo alto y no has adquirido el conocimiento cierto de los misterios, andas errante fuera de la verdad y te hallas a larga distancia del reino de los cielos. Así el Señor se manifestaba a sí mismo e indicaba que no es únicamente lo que se ve, sino que se necesita de otros ojos para poderle ver. Y cuando dice: «De lo alto», unos lo entienden del cielo y otros desde el principio. Por tanto, los judíos, si hubiesen oído esto, burlándose, se hubiesen retirado. Pero éste manifiesta su afecto de discípulo, porque sigue preguntando al Salvador.
Crisóstomo, ut supra
Viniendo Nicodemo a buscar a Jesús como si fuese sólo hombre, oyendo de sus labios palabras más importantes que las que pueden salir de un mero hombre, se levanta a la altura de cuanto se dice; se ofusca y no sabe sostenerse, sino que las tinieblas le rodean por todas partes, y vacila, separándose de la fe. Por esto habla de cierta imposibilidad, para mover al Salvador a que explique más su doctrina. De dos cosas se admiraba, a saber: de aquella especie de nacimiento y del reino, porque esto no se había oído entre los judíos. Mas entre tanto pregunta acerca de lo que antes se había dicho y sobre lo que problematizaba más su inteligencia. Por esto dice: «Nicodemo le dijo: ¿cómo puede un hombre nacer, siendo viejo? ¿Por ventura puede volver al vientre de su madre, y nacer otra vez?».
Beda
Parece que estas palabras quieren decir que el niño vuelva a entrar otra vez en el vientre de la madre para renacer. Pero debe tenerse en cuenta que él ya era viejo y por esto citó el ejemplo de sí mismo, como si dijese: yo soy viejo y busco mi salvación, ¿cómo podré entrar en el vientre de mi madre y volver a nacer?
Crisóstomo, ut supra
Le llamas Maestro, reconoces que viene de Dios, pero no aceptas lo que dice. Y hablas al Maestro de forma que puedan brotar muchas dudas. Esto -el saber preguntar de cierto modo- es propio de aquellos que no creen firmemente y muchos que así preguntan se han separado de la fe. Porque éstos preguntan: ¿cómo se ha encarnado Dios?; y otros: ¿cómo es impasible? Por lo tanto también éste pregunta llevado por la ansiedad, pero debe tenerse en cuenta que el que mezcla cosas espirituales con sus propios pensamientos habla cosas dignas de risa.
San Agustín, In Ioannem, tract. 11
Pues el Espíritu habla, pero Nicodemo entiende en sentido carnal. No había conocido éste más que un solo nacimiento (el que proviene de Adán y Eva) y no conocía el que proviene de Dios y de la Iglesia. Y así debes comprender el nacimiento del Espíritu como Nicodemo conoció el nacimiento de la carne. Como no puede volverse otra vez al seno de la madre, tampoco puede reiterarse el bautismo.
Crisóstomo, In Ioannem hom., 24
Nicodemo estaba pensando en un nacimiento carnal, según se acostumbra en la vida material, por lo que Jesucristo le revela más claramente que se refiere a un nacimiento espiritual. «Jesús respondió: En verdad, en verdad te digo, que no puede entrar en el reino de Dios sino aquel que fuere renacido de agua y de Espíritu Santo».
San Agustín, ut supra
Como si dijere: tú crees que me refiero a la generación carnal, pero me refiero al nacimiento que tiene lugar por medio del agua y del Espíritu, por medio del cual nace el hombre para el reino de Dios. Si uno nace ya de las entrañas de su madre carnal, de un modo temporal, para obtener la heredad del padre, nace de las entrañas de la Iglesia para la eterna heredad de Dios Padre. Como el hombre consta de dos sustancias, a saber: de cuerpo y de alma, debe tener dos clases de generación: la del agua, que es visible, se aplica para la limpieza del cuerpo y la del Espíritu, que es invisible, para la purificación del alma, que es invisible.
Crisóstomo, ut supra
Mas si alguno pregunta: ¿cómo nace el hombre del agua?, yo le preguntaré: ¿y cómo nació Adán de la tierra? Así como en un principio todo era tierra y todo el mérito de la obra pertenecía al Creador, así ahora, sirviéndose del elemento del agua, la obra es del Espíritu de gracia. Entonces le dio el Paraíso para que viviese en él, mas ahora nos abre las puertas del cielo. ¿Pero qué necesidad de agua tienen aquellos que reciben el Espíritu Santo? Os explicaré este misterio, pues sagradas figuras se realizan por medio del agua: la sepultura y la muerte, la resurrección y la vida. Porque mientras sumergimos la cabeza en el agua, como en una especie de sepulcro, el hombre viejo es sepultado y, sumergido abajo, es ocultado; luego, desde allí abajo, asciende el hombre nuevo. Sirva esto para que aprendamos que la virtud del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo lo llena todo, y que Jesucristo esperó tres días para resucitar.
Crisóstomo, In Ioannem hom., 25
Lo que es el útero para el feto, es el agua para el fiel, porque en el agua se forma y se figura. Mas lo que en el útero se forma, necesita de tiempo, mientras que en el agua no sucede así, sino que todo sucede en un momento. Tal es la naturaleza de los cuerpos que necesitan tiempo para llegar a su perfección. Mas en las cosas espirituales no acontece lo mismo, sino que lo que se hace ya se hace con perfección desde el principio. Desde que el Señor subió del Jordán, el agua ya no produce reptiles de almas vivientes 1 sino almas espirituales y racionales.
San Agustín, De bapt. parv. 1, 30
Y como no dice: si alguno no naciese del agua y del espíritu no podrá obtener la salvación o la vida eterna, sino: «No entrará en el reino de Dios», dicen algunos a esto: los niños deben ser bautizados para que puedan entrar con Cristo en el reino de Dios, a donde no llegarán si no son bautizados. Aunque los niños -dicen los pelagianos- 2 si mueren sin bautismo, deberían pasar a la vida eterna porque no están sometidos al yugo del pecado. Pero ¿por qué se vuelve a nacer, si no hay que renovarse de alguna cosa antigua? ¿Y por qué la imagen de Dios no entra en su reino si no es porque se lo impide el pecado?
Haymo
No pudiendo comprender Nicodemo tan grandes y tan profundos misterios, se los explicó el Señor, haciendo comparaciones con el nacimiento carnal, diciéndole: «Lo que es nacido de carne, carne es», etc. Así como la carne procrea la carne, así el espíritu produce el espíritu.
Crisóstomo, In Ioannem hom., 25
No esperes ver aquí nada material, ni creas que el Espíritu engendra carne. La carne del Señor fue engendrada en verdad no sólo por el Espíritu, sino también por la carne. Mas lo que nace del Espíritu es espiritual y aquí no se refiere a aquel nacimiento que se realiza según la sustancia, sino a aquél que se realiza según el honor y la gracia. Y si el Hijo de Dios ha nacido de este modo, ¿qué tendrá más que todos los demás que han nacido así? Se encontrará quizá inferior al Espíritu Santo, porque este nacimiento se verifica por la gracia del Espíritu Santo 3. ¿Y en qué se diferencian estas cosas de las doctrinas de los judíos? Véase aquí la dignidad del Espíritu Santo. Parece que realiza la obra de Dios pues más arriba dijo que habían nacido de Dios ( Jn 1,13), y aquí dice que el Espíritu Santo los engendra. Y diciendo Jesucristo que el que nace del espíritu es espíritu, como vio a Nicodemo otra vez turbado le expuso otro ejemplo sensible diciéndole: «No te maravilles porque te dije: os es necesario nacer otra vez». Cuando dice: «No te maravilles», da a conocer la turbación de su alma. Y pone un ejemplo que no participa ni de la grosera materialidad de los cuerpos, y que tampoco raya en lo inmaterial de las cosas incorpóreas como sucede con el soplo del viento, diciendo: «El espíritu, donde quiere sopla: y oyes su voz, mas no sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo aquél que es nacido de espíritu». Lo que dice significa: si no hay quien detenga al viento, sino que va adonde quiere, mucho más es el Espíritu, cuya acción no podrán detener las leyes de la naturaleza, ni los términos, ni los límites del nacimiento corporal, ni ninguna otra cosa parecida. Lo que dice aquí respecto del viento lo manifiesta cuando dice: «oyes su voz», esto es, el rumor. Pues no diría esto, si fuera que hablaba con un infiel que desconocía la acción del Espíritu. Dice también, «Donde quiere sopla», no porque el viento pueda elegir, sino porque obedece a aquel movimiento que tiene por naturaleza, que no puede detenerse y que se ejecuta con poder. «Y no sabes de dónde viene, ni a dónde va», esto es, si no sabes explicar la vida de este elemento que percibes por el sentido del oído y del tacto, ¿cómo querrás escudriñar la operación del divino Espíritu? Por esto añade: «Así todo el que es nacido de espíritu», etc.
San Agustín, In Ioannem tract., 12
¿Y quién de nosotros no verá (por ejemplo), el Austro yendo desde el Mediodía al Aquilón 4, u otro viento que del Oriente se encamina al Occidente? ¿Y cómo desconocemos de dónde viene y a dónde va?
Beda
Por lo que el Espíritu Santo es quien sopla donde quiere, porque El tiene bastante poder para iluminar el corazón de cualquiera con la gracia de su visita. «Y oyes su voz» cuando habla en presencia tuya aquél que está lleno del Espíritu Santo.
San Agustín, ut supra
Suena el salmo, suena el Evangelio, suena la Palabra divina, y todo ello es voz del Espíritu. Y dice esto porque el Espíritu está presente, aunque de una manera invisible, en la palabra y en el sacramento, para que nazcamos.
Alcuino
Luego no sabes de dónde viene ni adónde va; porque aunque en presencia tuya el Espíritu descendiese sobre alguien en cierta hora, no podrías ver cómo entra ni cómo sale, porque es invisible por naturaleza.
Haymo
No sabes de dónde viene, porque desconoces el modo con que lleva a los fieles a la fe; también ignoras adónde va, porque no sabes cómo lleva a los fieles a la esperanza. «Y así es todo el que ha nacido del espíritu», como si dijese: el Espíritu Santo es un ser invisible, y así todo el que nace del espíritu nace de una manera invisible.
San Agustín
Y aun cuando tú nacieres del Espíritu, serás de tal modo que aquél que no ha nacido aun del Espíritu, no sabrá de dónde vienes ni a dónde vas. Dice esto a continuación: «Así es todo aquél que es nacido del Espíritu».
Teofilacto
Confúndase, por lo tanto, Macedonio, impugnador del Espíritu Santo, que afirma que el Espíritu Santo es siervo; mas el Espíritu Santo, como obra con poder propio, obra donde quiere y como quiere 5.
Notas
- En alusión al mandato del Señor en la Creación: «Produzcan las aguas reptiles de almas vivientes…» ( Gén 1,20 Vulg.).
- Los pelagianos dicen que los niños que mueren sin bautismo deben ir a la vida eterna. Esto porque negaban la realidad del pecado original, afirmando que el ser humano era capaz, sin ningún auxilio sobrenatural, de evitar el pecado y alcanzar el cielo.
- El Señor Jesús es plenamente Dios y plenamente hombre, en la persona divina del Hijo. En la Trinidad cada una de las personas posee la esencia divina, que es numéricamente la misma, una.
- El Austro es un viento que sopla desde el sur (Mediodía) hacia el norte (Aquilón).
- Los macedonianos o pneumatómakos afirman que el Espíritu Santo ha sido creado como un ser espiritual subordinado a Dios, a semejanza de los ángeles.

