Vivir según la voluntad de Dios, y no la sangre, es lo que hace ser familiar de Jesús. El Evangelio de la liturgia de hoy (Mc 3,31-35) menciona el termino hermano relacionado con Jesús. Como en paralelos (Lc 8,19-21) y (Mt 13,55-56), y en otro texto de Marcos (6,1-3):
Saliendo de allí se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,31-35):
En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar.
La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»
Les contestó: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»
Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»
Siempre ha habido y siempre habrá detractores y enemigos de la fe cristiana que buscan pillar al algún renuncio a la doctrina y verdad evangélica. De entre estos pretendidas «fake news» (falsas noticias o verdades) de la dogmática cristiana son clásicas las ya sabidas «que Jesús no existió, que fue un personaje de leyenda…»; esto que se divulgó mucho con los gnósticos, racionalistas, masones y pregoneros de la leyenda negra cristianofóbica, decayó ante las evidencias históricas y bien documentadas (de Jesús se sabe tanto o más que de ningún otro personaje importante de la antigüedad); otro debate surgido falsamente y que tuvo su apogeo hasta hace muy poco con algunas novelas de ficción —que tuvieron una gran tirada— y que llevó a mucha gente inocentona -ignorante- y deseosa de novedades a creerse que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo descendencia, etc.; la novela «El código Da Vinci» es el mejor exponente de esta patraña insidiosa, este libro que algunos incautos tienen por histórico y verdadero, está plagado de falsedades, yerros y hasta difamaciones, que bajo el subterfugio de pertenecer a la novelística, para evadirse de cualquier responsabilidad, disparata dando por cierto cosas que no lo son e incluso con acusaciones concretas, con apariencia de creíbles. Y entre estos bulos o sospechas referentes a la figura de Jesús está el que habría tenido hermanos y por lo tanto a Virgen María habría tenido más hijos, razón por la que no habría quedado virgen como afirmamos los católicos; para ello recurren a estos textos de los evangelios:
Un día Jesús estaba predicando y los que estaban sentados alrededor de él le dijeron: «Tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan«. (Mc 3, 32).
«Este es el Hijo del Carpintero y su Madre es María, es hermano de Santiago, José, Simón y Judas, y sus hermanas también viven aquí entre nosotros.» (Mt 13, 55-56), decían vecinos de Nazaret al ver a Jesús predicar con autoridad
La razón fundamental de esta pretendía hermandad es que el termino hermano, por entonces y en esa cultura hebrea era aplicable más ampliamente a como lo entendemos nosotros: como hijos de los mismos padres, allí era aplicable a los que tenían unos mimos abuelos. (E incluso, en grado de parentesco más amplio; como primos segundos).
Según esto, y según sabemos con certeza:
Santiago el Menor, Simón y Judas Tadeo comprarían abuelos con Jesús, es decir, serán los primos carnales hoy día, y no hermanos.
Esto también se ve corroborado por lo siguiente:
Santiago el Menor fue nombrado primer obispo de Jerusalén. (Luego, una vez asesinado, le sucedería el otro hermano, Simón). Pues bien, esto dice san Pablo hablando del tiempo posterior a su conversión en carta a los Gálatas (cap. 1):
«15Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, se dignó 16revelar a su Hijo en mí para que lo anunciara entre los gentiles, 17no consulté con hombres ni subí a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, sino que, enseguida, me fui a Arabia, y volví a Damasco. 18Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y permanecí quince días con él. 19De los otros apóstoles no vi a ninguno, sino a Santiago, el hermano del Señor. 20Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo.»
Es decir:
Pablo habla de Santiago el de Alfeo, el apóstol que fue primer obispo de Jerusalén, Santiago el Menor era hijo de su tia, hermana de Maria, por lo que viene a demostrarse que a los primos, a los que compartían unos mismo abuelos, se les denominaba como hermanos.
Ana (de la tribu de Leví y Esenia), casada con Joaquín (de la tribu de David y pariente de san José), tuvo a María, que tuvo a Jesús. Ana también tuvo a otra hija: María de Cleofás o Alfeo (Cleofás, primo hermano de san José) que tuvo a Jacob o Santiago el Menor, a Simón, Judas Tadeo (del primer matrimonio, antes de enviudar), José, Lidia y Lisa.
Otro dato significativo es el del momento de la muerte de Jesús, cuando encomendó a Juan al caudado de su madre, María, que se quedaba sola, sin esposo ni hijos.
«Cuando Jesús vio a su madre, y de pie junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, Jesús dijo a su madre: Madre, ahí tienes a tu hijo. Luego le dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde entonces ese discípulo la recibió en su casa» (Jn 19, 26-27).
Si hubiera tenido otros hijos María, es decir, hermanos propiamente dicho de Jesús no hubiera confiado a su madre a Juan, su primo segundo.
—oOo—
PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO
(Ángelus, 10 junio 2018)
Sus familiares (de Jesús), quienes estaban preocupados porque su nueva vida itinerante les parecía una locura. (cf. v 21). De hecho, Él se mostró tan disponible para la gente, sobre todo para los enfermos y pecadores, hasta el punto de que ya ni siquiera tenía tiempo para comer. Estaba para la gente. No tenía tiempo ni siquiera para comer. Sus familiares, por lo tanto, decidieron llevarlo de nuevo a Nazaret, a casa. Llegan al lugar donde Jesús está predicando y lo mandan llamar. Le dicen: «He aquí, tu madre, tus hermanos y hermanas están afuera y te buscan» (v.32) y Él responde: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» y mirando a las personas que le rodeaban para escucharlo, añade: «¡He aquí mi madre y mis hermanos! Porque quien cumpla la voluntad de Dios, es mi hermano, mi hermana y mi madre» (vv. 33-34). Jesús ha formado una nueva familia, que ya no se basa en vínculos naturales, sino en la fe en Él, en su amor que nos acoge y nos une entre nosotros, en el Espíritu Santo. Todos aquellos que acogen la palabra de Jesús son hijos de Dios y hermanos entre ellos. Acoger la palabra de Jesús nos hace hermanos entre nosotros y nos hace ser la familia de Jesús. Hablar mal de los demás, destruir la fama de los demás nos vuelve la familia del diablo.
Aquella respuesta de Jesús no es una falta de respeto por su madre y sus familiares. Más bien, para María es el mayor reconocimiento, porque precisamente ella es la perfecta discípula que ha obedecido en todo a la voluntad de Dios. Que nos ayude la Virgen Madre a vivir siempre en comunión con Jesús, reconociendo la obra del Espíritu Santo que actúa en Él y en la Iglesia, regenerando el mundo a una vida nueva.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

