Los descartados

Ante la falta de medios para todos los enfermos del coronavirus que acuden a los hospitales, la selección de quienes van a utilizar esos medios se ha determinado -según parece- que sea por la edad: a mayor edad, mayor posibilidades de que seas descartado para beneficiarte de esos medios.

Esta especie de maltusianismo de “selección natural de los más fuertes”, cosa que esa supuesta ley natural fuera tal aplicable a la vida animal, no sería legítima para aplicarse al animal racional, es decir, al ser humano, cuya dignidad a cualquier edad es la misma e igualmente respetable, es un todo, con valor absoluto, y por tanto inatacable, inseleccionable e indesechable.

Si el virus asesino covid-19 se ceba con los más frágiles, como son las personas de edad o con bajas defensas (de las cuales según estadísticas en España el 87% son personas mayores de 70 años), se les añade la no asistencia de medios (respiradores, principalmente), entonces hay que concluir que ser persona de edad, a la que no se aprecia -al contrario de lo que se hace en otros pueblos primitivos, donde a sus mayores les tienen en un respeto y consideración y a los que se acude pidiendo consejo, etc.- en ciertos lugares de la tierra, como en la España progre, es un candidato a ser un descartado de la existencia. A todo esto ayuda el que con una carga social, en el sentido de que cuestan mucho al erario público, con las pensiones y los costes sanitarios.   

Si esta sociedad ha llegado a esa lógica fría e inhumana de aplicación de ese neomaltusianismo, como si nada, habla bien a las claras del donde nos encontramos. Todas las vidas son valiosas, igualmente, pero no para todo el mundo. Y lo que es aún más sangrante es esta falta de respeto cuando esto sucede con una generación que pasaron la postguerra española, trabajando como titanes de sol a sol, para legarnos una herencia de bienestar. Es doloroso. Lo cual pone a las claras la clase de gente con la que nos encontramos en la actualidad, bastante inmisericorde, egoísta, insolidaria y materialista.

Tan solo añadir un dado más, doloroso también, y son las condiciones en que mueren: solos, sin estar acompañados en esos momentos tan cruciales de sus seres queridos y despedirse sintiéndose amados. Como declaró -en este caso- una doctora italiana, Francesca Cortellaro:  “¿Sabes qué es lo más dramático? Ver a los pacientes morir solos, escucharlos mientras te ruegan que les digas adiós a sus hijos y nietos”. “La idea de no poder decir adiós duele más que la muerte misma”.

En fin, esta es la sociedad que tenemos, a la que acertadamente se la denomina la de la cultura de la muerte (el aborto, la eutanasia, etc.).

Este es un mundo que no tiene nada de cristiano.

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