Leviatán contra los provida

Como un descarado desafío, en este día tan señalado de la visitación de la Virgen a su pariente Isabel, el Gobierno de este estado español -cual Leviatán revivido- trata de ensañarse con aquellos que están por defensa de la vida desde su concepción.

Esta pergeñando una ley cuya pena será de prisión para todo aquel que en la vía pública rece o esté delante de una clínica abortiva protestando silenciosamente o prestando asesoramiento a las madres sobre ecografías o escuchas del latido del corazón de sus hijos, o ayuda a quienes la quieran recibir para evitarles abortar -a veces, por sentirse solas o presionadas por el varón, el ambiente social y familiar, o por una situación de pobreza, etc.- se encuentran en un total desamparo. El que haya habido quién se ofreciera a echarlas una mano, con diferentes salidas para evitar que un aborto siempre traumático y letal.

Hay varios poderosos argumentos para combatir el aborto: desde el que no hay derecho porque nadie es propietario del embrión en cualquier etapa que se encuentre, hasta el brutal ejercicio de la violencia destructiva de una vida en crecimiento e inocente e indefensa. Es vida es el mayor valor, contra el que no se puede atentar por más poderosa que se la razón.

Los creyentes tenemos -además de razones en grado su- otras razones -de índole teológica-: todo ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, posee una dignidad personal sagrada, y por tanto, intocable, ya desde el primer momento de su concepción. Y el mismo Dios, encarnado, desde el primer momento de su concepción como ser humano en el vientre de la Virgen María, posee la condición de la grandeza de Quien era, totalmente vivo, e inalienable. En este día, 31 de mayo, de la Visitación de María a Isabel, cuando Jesús apenas si tenía unas semanas de vida humana en el vientre de su Madre, Juan Bautista, que tendría ya entre 7 u 8 meses de existencia en el vientre de Isabel, saltó de alegría y reconocimiento de la presencia de quien tenía delante, Jesús. Así lo sintió Isabel: En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre (Lc 1,40).

Parece cosa del diablo que justamente en estas fechas de la celebración del reconocimiento de la vida -de la Vida con mayúsculas- en el vientre de la mujer recién en cinta, que un gobierno social-comunista decida proyecta una ley de esas características que califiquen a personas defensoras y amantes de la vida, se conviertan por leyes estatales impuestas por el progresismo en reos de prisión como culpables de terribles delitos. El mundo al revés.

ACTUALIDAD CATÓLICA