La sinodalidad, y la apostasía alemana

El Rosario de Hombres en Alemania rezando el 25 de junio de 2022. Crédito: Cortesía de Christ For Men.

Cada vez y según avanza el tiempo hasta el fin del sínodo alemán, se van acentuado los datos y las declaraciones de todo tipo, que ponen en aviso de lo dramático de la situación del catolicismo alemán.

Son muchos los fieles alemanes que están artos de la marcha a que muchos de sus jerarcas eclesiásticos están conduciendo la fe en Cristo y la doctrina de la Iglesia. Desde organizaciones de creyentes que combatan esa deriva, hasta rezar en la vía pública afuera de la histórica Catedral de Santa María en Hamburgo, el rezo del Rosario por hombres arrodillados ante la Madre de Dios por la unidad de la Iglesia aleman, o como lo último y más doloroso, el abandono de la religión católica, en este sentido: en 2021, 359.388 personas abandonaron la Iglesia Católica, batiendo récord, a los que habría que añadir los fallecidos, lo cual viene a suponer una cantidad  de casi 550.000. Lo que es insostenible.

Además de estos datos, otra advertencia de la seriedad del asunto, son las contundentes declaraciones de prelados alemanes con autoridad: “No estamos ante una herejía o cisma, sino ante una apostasía” (cardenal Muller). “Estamos ante un golpe de estado” (cardenal Kasperr), e igualmente crítico se ha manifestado el cardenal Schöinborn.

No es que ante la situación del mundo y la merma de relevancia de la fe religiosa, en este caso, la católica, se pretenda adaptar la doctrina, moldeándola de tal manera que llegue a plegarse a los deseos de la gente de mundo. De modo, que sea así, confundiéndose con el paisaje, sea aceptada.

Esto está claro: la jerarquía y la mayoría del clero alemán han pedido la fe, al igual que otros laicos progres ideológicamente contaminados; no es ya que discrepen en algún punto de la doctrina, es una actitud de soberbia rebeldía, y de abandono la doctrina de siempre de la que dimana la fe y la sostiene, y a la que ya no tienen por verdad. Es una apostasía en toda regla. Y no va a quedar más remedio que es parte considerable de la Iglesia católica alemana, deje de serlo para pasar a formar otra iglesia evangélica más.

El clero alemán tiene que convertirse, volver a la fe, vivir pobremente, orar, vivir asiduamente de los sacramentos y de la gracia, y ser fieles y leales al Magisterio de la Iglesia católica, cuerpo de Cristo.

Si no se produce esta conversión, por las buenas, Roma debería de plantearse, tras la muchas paciencia, el destituir a ese clero díscolo y sustituirle con sacerdotes de fe probada.

Les remitimos a otros artículos referidos al problema alemán de la Iglesia católica:

El nuevo cisma. Otra vez Alemania

La apostasía alemana

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