El nuevo cisma. Otra vez Alemania

Decía —hace un par de meses— el cardenal Müller que el clero cismático alemán huye de la doctrina como el diablo del agua bendita.

Es tremendo que alguien con autoridad —o prestigio— como es el pensamiento alemán, en campos como el filosófico y el teológico, tan tradicionalmente respetados e influyentes, esté caminando por esta senda del despropósito, en que se pretende subvertir la doctrina católica de siempre, para subsumirla en el espíritu del tiempo (=Zeitgeist. Esta palabra precisamente alemana significa “el espíritu de la época”: el clima intelectual y cultural de una era;  en definitiva, la mentalidad de la sociedad en tal tiempo, este; es decir, un secularismo mundano).

Es como si el diablo hubiera fijado sus espuelas a lo largo de la historia en esa nación germana, y de vez en cuando la espolea para armar alguna de dimensiones colosales (el cisma protestante, el nazismo, ahora el nuevo cisma que se avizora).

A ese zeitgeist, mundanidad, quieren mimetizar la Iglesia católica alemana un considerable número de sus dirigentes. Como advierte el cardenal Zen, más de “2500 sacerdotes, diáconos y otros agentes pastorales” están asociados a la iniciativa de ‘bendición’ de parejas homosexuales que tendrá lugar principalmente en templos alemanes el próximo 10 de mayo. Al igual que sucederá el 15 de mayo en que en una macro-concentración ecuménica, podrá comulgar -sacrilegamente- todo el mundo, católicos o protestantes.

La deriva desde hace un par de años del llamado “camino sinodal” alemán contrario a la Tradición, en temas como:  la bendición de las parejas homosexuales, el sacerdocio femenino, la ideología LGTBI+, la comunión de los luteranos o el que quiera según su propia conciencia -lo cual es un sacrilegio-, etc., va claramente a desembocar en una dolorosa ruptura.

Ante esto la jerarquía de la Iglesia católica oficialmente permanece sin tomar medidas – sanciones canónicas- ante la Iglesia discola alemana. Una pena, pero el desenlace se acerca. En fin, que estos alemanes parecen no haber escarmentado de su lamentable pasado de hace 500 años, que vuelven a las andadas.

Hay un expresión popular que dice “escarmentar en cabeza ajena”. Es evidente que estos rupturistas con el sentir tradicional de la Iglesia en materias como las expuestas parecen no advertir que ese asemejarse al mundo del momento, mundanizarse, ha sido experimentado por el protestantismo en sus muchas versiones, y que han fracasado, con resultados lamentables de pérdida de muchos fieles. 

Esta contumaz persistencia ante la evidencia del descarrio… da qué pensar, pues no se encuentra una razonable explicación. Tan solo se nos ocurre una: que están bajo la influencia maligna del seductor padre de la mentira.

Solo cabe esta sentencia: La postura de la Iglesia alema es herética, descaradamente contrarias al inmutable y perenne Magisterio de la Iglesia católica romana.

Recemos.

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