El ser humano es un ser naturalmente religioso (y II)

“El hombre no tiene, sino que velis nolis, quieras o no, es religación” respecto de lo divino, o sea, religioso  (Javier Zubiri).

El ser humano está vocacionado por naturaleza a vivir religiosamente…  La espiritualidad, la sensación de trascendencia, de unicidad, va con él. Por eso todo intento de extirpar la espiritualidad de la vivencia humana ¡fracasará! Pues es una dimensión fundamentalísima de su ser, el sustrato más profundo de su alma.

Pese a los vaticinios del fin de lo religioso como perteneciente a una época cuasi primitiva de mágico-religiosa, por la filosofía, el racionalismo, el marxismo y el cientificismo, como el ser religioso es algo connatural al hombre, que es animal, racional, espiritual, el intento por reprimir su religiosidad -hoy en día, muy especialmente la cristiana-, hace que rompa con otro tipo de manifestaciones anejas, por ejemplo, en la proliferaciones de sectas y otros sucedáneos, creencias y pasiones de todo tipo… En definitiva, otros “dioses”.  En un imperfecto y vano intento de remediar el sentido religioso es connatural al ser humano.

 El ser humano está vocacionado, llamado a la comunicación divina, pues somos originados de esta comunicación divina por propia voluntad del Creador. Como decía el cardenal Ricard Mª Carles , “podemos aceptar o rechazar la comunicación divina, pero el primer paso dado por Dios, el hecho de llamar a la persona a la comunión con él, determina todo su ser desde el comienzo y en todas sus dimensiones. Es un ser llamado por el Espíritu de Dios y, por ello, constituido en alma espiritual. Ello es esencial para la constitución del hombre existente, el único que Dios ha creado”.

El ser humano no anda a cuatro patas, sino sobre dos; elevado, levantado con la posibilidad innata de mirar hacia el cielo.

Dios es un universal constante: se da en todo tiempo y lugar. Las culturas más primitivas o pueblo más naturales todas ellas son creyentes. No hay ningún pueblo ni período de la humanidad sin religión. Es algo que ha acompañado al hombre desde siempre, como la sombra sigue al cuerpo. Aristóteles decía que si la religión es una constante en la historia de los pueblos, ha de ser porque pertenece a la misma esencia del hombre.

Hay quien tacha que las ideas religiosas… de la inmortalidad, del cielo, de Dios, etc., han sido metidas en nosotros con la educación, escolar o familiar. Pero, en cambio, estos críticos ateos, no se plantean la misma posibilidad aplicada a ellos mismos: de que la idea de la negación de aquellas realidades haya sido metida en ellos por una sociedad materialista y agnóstica.

Lo que hay que aclarar es qué es lo que hace posible un pertinaz ateísmo. El ateísmo es problema y no la situación primaria del hombre. Si el hombre está constitutivamente religado, el problema estará, no en descubrir a Dios, sino en la posibilidad de encubrirlo. Con el ateísmo, por una parte “desaparece del horizonte de la experiencia humana la dimensión espiritual de la realidad” y, por otra, “supone una verdadera y propia alienación” para el hombre (Cf. Xavier Zubiri).

En el hombre se da una estructura apriorística y que ésta es, al mismo tiempo, una especie de “participación” de la realidad trascendente” Dios (Karl Rahner).

 “Si uno desciende dentro de sí mismo, se encontrará con que posee eternamente lo que desea” (Simone Weil).

La secularización de la sociedad en Occidente ha dejado tras de sí una profunda “nostalgia del Absoluto”. Ernesto Sábato en su libro Antes del fin, recoge esta declaración de un ateo (Cifran): “Todo se puede sofocar en el hombre, salvo la necesidad del Absoluto, que sobrevivirá a la destrucción de los templos, así como también a la desaparición de la religión sobre la tierra”.

Las necesidades religiosa está enraizada en las condiciones básicas de la existencia humana” (Erich Fromm).

 Todo esto parece confirmar la tesis de que la apertura a la transcendencia es constitutiva de la condición humana (Vaticano II, GS 19, 21,41).

 “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (San Agustín).

 La necesidad de lo sagrado que tiene la gente es incuestionable, está ahí, no necesita demostración. Y aunque se la quiera enterrar con paladas de tierra de todo tipo, siempre revive, aparece en todo ser humano, en algún momento de la vida, pidiendo ser atendida… En definitiva, no hay nada más natural que la religión.

“Religión” es el hecho fundamental para todo ser de estar ligado a Dios en su propio ser: nuestra existencia está fundamentada en Dios (Xavier Zubiri).

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