La progresía desatada (y II). La intentona de «revuelta» feminista contra la Iglesia

Por decirlo así, como previa a la manifestación del día de la mujer, 8 de marzo, el domingo 1 de marzo se celebró una minimanifestación o protesta a las puertas de algunas catedrales.

La catedral de la Almudena de Madrid fue el epicentro de ellas. Según consta, las asistentes fueron pocas, si prescindimos de las laicistas no creyentes y los hombres, tal vez no llegarían a un par de cientos. En fin, que eran menos que las organizaciones que se unieron a la convocatoria.

Ya previamente, la Conferencia Española de Religiosos y Religiosas (CONFER) se desmarcó de la llamada “Revuelta de mujeres”. La CONFER cuenta con 38.688 consagrados de nuestro país, entre ellos, 29.170 mujeres.

 

Para este par de centenares de mujeres creyentes y algunas de ellas religiosas -y para todos-, decir:

    • Antes de nada, una anotación colateral: el feminismo radical busca asperamente conseguir logros, a veces, favorablemente desiguales y hasta injustos; por otro lado, detrás de él, y sus grupúsculos o lobis, chiringuitos subvencionados, que son instrumentalizados con fines políticos, ideológicos e intereses no del todo limpios y nobles. Entre estos están, sin lugar a dudas, los que persiguen dañar a la Iglesia. Es relativamente fácil montar una manifa de unos cientos de subvencionados y manipulados. Pantalla de la progresía  para la que la fe es solo una herramienta (El diablo podría estar haciendo alguna de las suyas).
    • No vamos entrar en profundidades de si la Iglesia está así porque es el Cuerpo de Cristo, su Cabeza y Creador, y que eligió a los apóstoles… y estos «orientaron su organización o estructura». Y que el pertenecer a este Cuerpo eclesiástico nada tiene que ver con pertenecer a un país donde se nace, donde como ciudadano se tiene el derecho al funcionamiento democrático. La Iglesia es otra cosa. Su presidente es Dios, no un paisano; la Constitución y leyes no la han forjado los diputados elegidos, sino que es Dios mismo quien ha establecido la Ley y los Profetas, el mandamiento del amor y las bienaventuranzas, etc.  (Sin desairar y entre comillas: en un país se está por obligación, porque se ha nacido en él; en la Iglesia se está por voluntad propia, a nadie se le obliga, y se está según es).
    • En el mundo, del que Jesús nos dice que no pertenecemos pues somos de su Reino, ofrece sus aspiraciones y ambiciones mundanas. Legítimas, pero pequeñas; aunque sea el llegar a ser presidente del gobierno, ministro, empresario de éxito, gran intelectual, profesional, artista, deportista, etc. Se puede obviamente tener esos deseos, luchar por ellos y llegar alto; pero en el Reino del Dios se aspira a llegar más alto: a tocar el cielo, la santidad, la salvación.
    •  Nada ni nadie -ningún miembro u organización- te impide o limita para esa meta a la que Dios llama: «sed santos como yo soy santo». Esto tiene otra lógica diversa del mundo; la del servicio, la humildad, la gratuidad, la caridad, el desprendimiento, la generosidad, la bondad, la de hacerse pequeño, la de elegir el último lugar, la del dar la vida por los demás, etc. Es otra lógica; es místico, sobrenatural.
    • Decía una mujer santa, extraordinaria, santa Teresa de Jesús, que conocía tres virtudes principales: una era la humildad, otra la humidad y la tercera la humildad. La Madre Teresa llamó a la humildad la madre de todas las virtudes. Ella dijo: “Si eres humilde, nada te tocará, ni elogios ni vergüenzas, porque sabes lo que eres. Si te culpan, no te desanimarás. Si te llaman santo, no te pondrás en un pedestal. El mundo no valora ni comprende el poder de la humildad, pero nosotros sí, porque fue lo que Jesús usó para salvarnos. «Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos». (Mateo 20,28). Estando un día Catalina de Siena en oración, se le presentó Jesús y le dijo: «Yo me llamo Jesús, tú te llamas Catalina. Somos diferentes, y eso es maravilloso, porque vamos a poder amarnos… Yo me llamo El que soy, tú te llamas la que no eres, pero eso no tiene ninguna importancia y desde el punto de vista del amor se podría muy bien invertir los papeles; yo no tengo la culpa de estar del lado del Ser, y por mi parte no pediría otra cosa mejor que estar del lado de la nada, con tal que el amor pueda realizar entre nosotros el juego eterno de sus diálogos, como lo realiza entre mi Padre y Yo. (…) Alégrate de mi Ser como yo me alegro de tu nada porque la amo, y alégrate de tu nada como te alegras de mi ser, pues gracias a él me ofreces un rostro nuevo, un rostro trinitario que no es, sin embargo, ninguno de los Tres, rostro cuya pequeñez ha fascinado desde toda la eternidad el corazón de los Tres”[1].

 

Para concluir:

Llama poderosamente la atención la obsesiva fijación de las feministas extremas contra las Iglesia en España. Una España femenina, la España de María. ¿Por qué?

El año pasado en el día de la mujer ya la emprendieron con la catedral de San Sebastián: Un grupo de feministas radicales se desnudaron de medio cuerpo ante la catedral guipuzcoana. También sellaron con silicona en las cerraduras de varios templos y otros aparecieron con pintadas blasfemas e insultantes.

Ha sido el cristianismo quien más ha hecho por la defensa de la dignidad de la mujer y por el desarrollo de la civilización en toda la historia.

 

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[1] M.-D. MOLINIE, El coraje de tener miedo,  Ed. Paulinas, Madrid, 1979, p.66.

 

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