La pandemia, y los signos de los tiempos

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Con la ya epidemia global del coronavirus se están poniendo de manifiesto signos claros sobre los que se profetizaron…, y que ocurrirían en un momento indeterminado de la historia humana; tal vez pudiera ser que hoy, en este momento presente, donde se ven concurrir ciertos… que parecen corresponderse con los prolegómenos de este fin de los tiempos, sobre el que el Señor nos pidió estar en vela.

Veamos:

1º signo: el ya comentado con anterioridad en el artículo (ver AQUÍ), en el que en que mencionamos a Lucas 21,11 y al Apocalipsis 6,7-8: en el que se menciona a la peste (=enfermedades o virus contagioso contagiosos).

2º signo: del que ya también hablamos en el mismo artículo: La supresión del sacrificio del altar, es decir, la misa. Algo que revelan san Pablo (Tim 4,1.3) y también el tan apreciado profeta Daniel (cap.9). La Eucaristia lo es todo, la fuente de la gracia, el agua vivia y el pan de vida, que sustenta al mundo con su presencia. Es el cajeton, el obstáculo que retiene e imposibilita que el Maligno y su Bestia, el Anticristo (1 Juan 2,18), se manifiesten.

3º signo: el enfriamiento el amor: amén de que estamos en tiempos egoístas, en los momentos en que la precariedad aumenta, la gente tiende a replegarse sobre sí, a mirar por sus intereses o supervivencia. Hay un dato que quiero compartir sobre este proceder poco generoso: en la parroquia a la que pertenezco al aparecer el coronavirus como medida ante el miedo al contagio han cerrado un comedor de asistencia en el que se repartía el desayuno y bocadillos para comer a un centenar de los “sin-techo”, personas pobres que viven en la calle. Ignoramos qué será ahora de ellos.  Este enfriamiento de la caridad lo podemos ver mencionado en (Mt 24,12) y en (2Tes 3,2-4).

4º signo: el debilitamiento de la fe: el mismo Jesús comentó preguntando sobre cuando el volviera “¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,8). La verdad que ante tanto histerismo desatado por esta amenazada del contagio cada vez mayor del coronavirus, uno se pregunta si este miedo y esta desesperación con tintes caóticos por la impotencia…, ¿no se refleja ahí la falta de fe y confianza en Dios, quien está dispuesto a cuidar de sus hijos como un padre amoroso? Dice el salmo Sal 1,1-2.3.4.6, de la misa de hoy, 12 de marzo: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor”.

Animamos a poner la  esperanza en el Señor al modo y con palabras de santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante… solo Dios basta”

 

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