La New Age invade de forma silenciosa, con sus técnicas y argumentos, la vida cotidianaA pesar de ser España una nación de tradición católica, diversas corrientes filosóficas y pseudoespirituales atrapan a una sociedad cada vez menos creyente, y al mismo tiempo, más crédula. Así se explica el éxito de cartomantes, pitonisas y publicaciones inspiradas en la New Age, esa amalgama en la que muchos creen en un tiempo supuestamente sin fe.
10 enero 2010 España es tradicionalmente católica; nuestra cultura ha bebido de la tradición judeocristiana, y no hay prácticamente culto, fiesta o celebración de pueblos o ciudades que no tenga un origen cristiano. Sin embargo, lo exótico, lo diferente o novedoso, se cuela por las rendijas que se van quedando abiertas en nuestra sociedad, cada vez más descreída pero, también, más crédula. Parece que hemos perdido la fe de nuestros antepasados, y recuperamos esa necesidad de trascendencia recopilando tradiciones de pueblos con los que nunca antes habíamos tenido contacto. ¿Cómo explicar, si no, el éxito de pitonisas, la cartomancia, publicaciones New Age, tiendas de santería, terapias…, que prometen una solución a los problemas personales, el bienestar personal, el éxito en el trabajo, en el amor, en la familia? Ya no se trata sólo de sectas, en cuyas redes nadie quiere caer; hablamos de cambios de mentalidad que se van asumiendo, con el transcurso de los últimos años; hablamos de aquellas terapias orientales que, con buena voluntad en la mayor parte de los casos, se van implantando en nuestros gimnasios, hospitales, asociaciones, polideportivos…; hablamos de las innumerables páginas web donde se enseña a decorar nuestro hogar para atrapar la suerte, conjurar lo negativo y favorecer la armonía (el famoso feng shui, ¿les suena?); hablamos de cursos de meditación trascendental, vacaciones para niños y adultos a lugares sagrados como Findhorn, Stonehenge, Avalon, o el bosque de Merlín; hablamos de conciertos de músicas ceremoniales; hablamos de tantos y tantos aspectos, unos más peculiares, otros más inocentes, que conviven con nuestras costumbres y que es necesario reconocer, pero que, por lo general, provienen del movimiento cultural tan heterogéneo que conocemos como la New Age. Incrédulos… y muy crédulos Este repunte lo observo incluso en ciudades pequeñas de nuestro país, especialmente en torno al orientalismo, en terapias que van introduciéndose, como el Reiki, y muchas convocatorias de las que no sabemos quién está detrás: qué maestros, qué grupos… Un grupo en concreto no tiene por qué tener ningún problema y puede querer enseñar ciertas técnicas de bienestar de forma inocente y positiva. Pero también -no hay que engañarse- puede acabar convirtiéndose en un grupo de manipulación psicológica, o en una secta con todas sus connotaciones negativas. La gente está demostrando mucha inseguridad, va viendo cómo todo se desmorona a su alrededor y necesita algo a lo que agarrarse». Según el documento vaticano Jesucristo, portador del agua de la vida, que publicó, en 2003, el Consejo Pontificio de la Cultura sobre la Nueva Era, ésta es, en gran parte, «una reacción frente a la cultura contemporánea». No se trata de un nuevo movimiento religioso, ni es lo que normalmente se entiende como culto o secta. Se trata, en el fondo de «una cultura sincretista que incorpora muchos elementos diversos y que permite compartir intereses o vínculos en grados distintos y con niveles de compromiso muy variados». Entre las tradiciones que ha adoptado, el documento señala «las antiguas prácticas ocultas de Egipto, la cábala, el gnosticisimo cristiano primitivo, el sufismo, las tradiciones de los druidas, la alquimia medieval, el hermetismo renacentista, el budismo zen, el yoga, etc.» Lla Nueva Era siente fascinación por los sucesos paranormales, las manifestaciones extraordinarias, los ángeles…, aunque no reconoce ninguna autoridad espiritual, más allá de la experiencia personal interior. Y es que en la New Age no se hace distinción entre el bien y el mal. «Las acciones humanas -describe la Santa Sede- serían entonces fruto de la iluminación o la ignorancia. De aquí que no se pueda condenar a nadie, y que nadie tenga necesidad de perdón. Creer en la existencia del mal sólo podría crear negatividad y temor. La respuesta a la negatividad es el amor. Pero no del tipo que tiene que traducirse en acciones; es más una cuestión de actitudes de la mente. El amor sería una energía, una vibración de alta frecuencia; y el secreto de la felicidad y de la salud consistiría en sintonizar con la gran cadena del ser» Tras veinte años de búsqueda… El poder contrario a la Iglesia El tema es muy amplio. Detrás de este plan -que además es un gran negocio-, está el Tavistock y los Bilderberger, aunque es sintetizable en la masonería. La New Age es la globalización de las sectas y movimientos de los siglos XVII, XVIII y XIX, es decir, la masificación del esoterismo». ¿Qué tiene el cristianismo que ofrecer entonces en este mundo? «El cristianismo -afirma el profesor Alonso- tiene la suerte de poder relacionarse personalmente con un Dios que tiene rostro, que ha entrado en la Historia, que es cercano; el cristiano no tiene la esperanza puesta en sí mismo y en sus esfuerzos de autosalvación, sino en Dios. El cristiano confía en la eficacia sobrenatural de unos medios concretos que Dios ha puesto a su alcance: la oración, los sacramentos. El cristiano tiene la compañía de la Iglesia, la enseñanza de sus pastores… El cristiano sabe, en definitiva, que sólo en el Dios de Jesucristo se colma un deseo insaciable que habita en el corazón humano. El reto de la evangelización es precisamente mostrar, con el testimonio de la propia vida, la belleza de la fe». Fuente y texto completo: http://www.religionenlibertad.com/la-new-age-invade-de-forma-silenciosa-con-sus-tecnicas-y-6396.htm |
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