Hay entre los ateos, agnóstico o sin religión (como gustan decirse ahora) quienes opinan que creer en Dios es muy cómodo, pues te resuelve muchas cosas... Pero enseguida replican: aún así, admitiendo que la concepción de la existencia del creyente sea más satisfactoria,ello no implica que lo mejor —en ese sentido— sea lo verdadero y, menos aún, que Dios exista.
Matizaciones:
Para lo del cómodo (término usado con displicencia), cabe responder con lo que «toma tu cruz y sígueme» (Mt 16,24), que dice el Señor al creyente. En cuanto a que resuelve cosas como cuestiones, preguntas e inquietudes, aportando tranquilidad y esperanza, cabe decir que los no creyentes lo «resuelven» o «responden», no haciéndolo, ignorando las preguntas existenciales o sumergiéndose en un bullicio vital en el que se ahogue tales inquietudes —algo así como hace la avestruz metiendo la cabeza bajo tierrra, o los que beben para olvidar…; pero esto no arregla nada, después sigue todo igual—..
En cuanto a la verdad que conlleve la existencia de Dios:hay más verdad sin duda, en una respuesta practica y que satisface una pregunta o inquietud, que una no pregunta que no resuelve nada; siempre es más real y autentico lo que implica un compromiso que el que no. De modo que aquí creer es —paradójicamente— menos cómodo, pues esa verdad compromete e implica resposabilidad ética y a no plegarse a la dictadura de antojo y capricho, como en el caso del no creyente, que hace lo que cómodamente le viene en gana sin sujetarse a una moralidad, basada en la verdad de una Existencia que responsabiliza y que llama a amar aun a costa del propio sacrificio.
Por todo ello, pues, cabe decir que por eso hay tanta gente que camina por la ancha senda de la increencia:resulta más cómoda. Pero: ¿a dónde lleva? y ¿qué es de las preguntas sin responder?