La más poderosa razón

Todo cuanto hagamos hacerlo por esta razón: por amor a Dios; que consiste en hacer su voluntad, en agradarle. ” No es para labrar mi corona, para ganar méritos, es por agradar a Jesús…”, decía santa Teresa de Lisieux[1].

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        Se cuenta que Rita Hayworth que, en cierta ocasión, visitó una leprosería y viendo a una monja curar a un enfermo cubierto de llagas que despedían un fuerte hedor y le dijo:

           Hermana, es admirable la labor que ustedes hacen. Yo, la verdad, eso no lo haría ni por un millón de dólares.

           Y la monjita, le repuso levemente sonriendo:

           Nosotras tampoco. Y con dulzura añadió: Pero lo hacemos de buen grado, gratuitamente, por amor de Dios.

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           Dijo en una ocasión un periodista a la Madre Teresa:

          Para hacerse cargo de leprosos, para asistir a los agonizantes, hace falta mucho coraje.

           La Madre Teresa contestó:

           Es el coraje que me faltaría si, tocando el cuerpo de un moribundo que despide mal olor, no estuvieses convencida de tocar el cuerpo de Cristo tal como lo recibo en la Eucaristía.[2]         

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“Si el cuidado de los leprosos es tan entrañable a los misioneros, y  especialmente a los misioneros católicos, es porque ningún servicio exige un mayor espíritu de sacrificio: requiere el ideal más elevado, la abnegación mas perfecta.

“El mundo de la política y de la publicidad no puede ofrecernos un héroe de la talla del apóstol de Molokai, el Padre Domina. La Iglesia católica, por el contrario, cuenta por militares los que, ejemplo de este héroe, se han consagrado al servicio de los leprosos.

“Merecería la pena buscar en qué fuente se alimenta este heroísmo.”(M. Gandhi[3]).

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

[1] Manuscritos, 4,16,4.

[2]  GONZALEZ-BALADO, J. L., Madre Teresa de Calcuta, Acento Ed., Madrid,1998, p.19.

[3]  Rev. REINADO SOCIAL, nº 636, Junio 1983, p.25.