La ideología de la destrucción  

Estamos recogiendo los frutos de unas leyes de educación, donde se desprecia el humanismo, se arrincona la filosofía, se desprecia la religión

Contemplaba, horrorizado, el espectáculo tan salvaje de masas de jóvenes arremetiendo en calles de Barcelona y Madrid con todo lo que se ponía por delante. La excusa era defender a un rapero encarcelado por abuso de la llamada libertad de expresión.  Y de la libertad de expresión se pasó a la libertad de acción. Cuando se desata la furia animal todo vale: tirarle adoquines a la policía, romper escaparates, robar objetos de valor, destruir obras de arte, etc. Es la jauría humana que deja aparcada la razón en su casa y da rienda suelta al instinto salvaje azuzado por el odio. ¿Qué hay detrás de ese afán destructivo?  Una ideología salvaje y descerebrada.

Dice Percy-Anez-Castedo:  A diferencia del perro del hortelano, que ni come ni deja comer, los partidarios de la ideología de la destrucción y la violencia, están comiendo ellos solos -de una manera repugnante-, demostrando que no les interesa el equilibrio ni los contrapesos, vociferando y mezquinando el pan a los que piensan distinto. Lejos de eliminar la lacra de la corrupción, la están fomentando, creando administraciones alejadas de los problemas reales y con nula vocación de servicio. El partidismo retrógrado parece estar ganando la batalla, y no imaginamos siquiera el peligro que aquello representa para nuestra libertad, nuestros recursos y nuestro futuro político (ICEES – Bolivia).

 ¿Qué hay en esas mentes destructivas en el momento de cometer una fechoría inhumana sin más móvil que el odio a la autoridad, al pueblo honesto, al orden y la paz? Desde hace meses estamos luchando con temor contra el coronavirus. Miles de personas están muriendo en la soledad de los hospitales sin poder decir adiós a sus seres queridos. Es una pandemia traicionera que esparce por todas partes la enfermedad y la muerte. Nos parecía que no había cosa peor. Pero cuando contemplo a las bandas de malhechores arremetiendo contra la sociedad pienso que el virus del odio es mas grave que la pandemia. Es otra pandemia a la que muchos le han perdido el respeto, y contagia a todo aquel que ha dejado de pensar en el bien común, para expandir el mal para todos.

 Se empieza a imponer una cuarta vía ideológica en la política española. Va tomando cuerpo entre los más hiperventilados de cada ambiente una nueva forma de expresión contemporánea, que ni siquiera descarta la violencia como arma de destrucción cultural y democrática. A la izquierda, la derecha o el centro, con todos los añadidos neo, ultra o pro que se quieran, ya les compite el odio como cuarta opción ideológica. Una escisión de las filas de siempre, que alienta su base odiando más que respetando.

En el partido del odio están los intolerantes con prisa y sin freno, que ejercen de demócratas a tiempo parcial. Son abyectos advenedizos, de ideas alejadas del raciocinio, que valoran mucho más ver hundido a quien disiente de la uniformidad de su credo que aceptar la pluralidad y heterogeneidad de la sociedad. Poco importa para su fin que la economía se hunda, que la democracia se resquebraje, que la convivencia se quiebre o que nos conquiste el hambre. Su odio saldrá compensado si se logra el fracaso del otro, si los destrozos urbanos aumentan, si la prepotencia de la uniformidad ideológica sobresale por encima del pluralismo y la libertad individual. Su Neopatria es el odio, y el rencor su bandera. Más que antisistema, el odio es su sistema. (José Torrente en “Málaga hoy”).

Estamos recogiendo los frutos de unas leyes de educación, donde se desprecia el humanismo, se arrincona la filosofía, se desprecia la religión. Hay en nuestra sociedad, en edades muy tempranas, un déficit alarmante de sentimientos, de amor humano, de visión trascendente. Para muchos la educación no cuenta, el corazón está necrosado, la fe perdida, y se camina sin saber a donde voy. La incultura nos desorienta, y no tenemos metas fijas.

Creo que la desorientación es uno de los signos de la posmodernidad. El ser humano está cada vez más preparado para vivir instalado en la incertidumbre, el desconcierto, la perplejidad. La sociedad de hoy es compleja; está tejida de ingredientes contradictorios que conducen a muchos individuos a no saber a qué atenerse: lo bueno y lo malo, lo excelente y lo perverso, el blanco y el negro… Los nuevos enemigos de la sociedad planean de forma solapada: el aburrimiento, el hastío, la depresión, el cansancio psicológico, el escepticismo, la incultura, la frivolidad…” (Enrique Rojas).

Pero no hay que perder la esperanza. El ser humano es capaz de rehacerse y volver a volar como el ave fénix. Es cuestión de mirar lejos y descubrir horizontes mas valiosos, descubrir más allá un mundo nuevo que nos llene de ilusión. Los grandes hombres de la historia han sido, y son, gente intrépida que ha dado un paso adelante pensando siempre en el bien de todos. Muchas veces habrá que dejar cosas (barcas, redes como los apóstoles) para seguir generosamente una llamada, una propuesta, un ideal. ¡Que maravilloso mundo se podría conseguir si esos jóvenes de las algaradas pusieran toda su energía vital al servicio del bien!

Dice el “Principito” en la obra de Antoine de Saint:  Cuando nadie, es tuyo. Cuando encuentras una isla que no es de nadie, es tuya. Cuando eres el primero en tener una idea, la haces patentar: es encuentras un diamante que no es de tuya. Yo poseo las estrellas porque jamás nadie antes que yo soñó con poseerlas.  Todos poseemos la vida porque es de todos, y hay que respetarla. Lo que no es mío no puedo poseerlo.

Juan García Inza

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