J. Stove es un escritor y columnista australiano que trata temas culturales después de muchos años escribiendo de política. También su padre, el filósofo David Stove, ateo convencido, fue un importante tertuliano político en Australia. Criado en una casa sin fe, nunca sus padres pudieron imaginar que su hijo llegaría a ser un convencido católico y se bautizaría en 2002.
Ateísmo civil y silencioso
Los padres de R. J. Stove fueron educados como protestantes presbiterianos pero ya de jóvenes adultos renunciaron a la fe. Su padre, como otros de su generación, fue discípulo del gurú australiano del ateísmo militante John Anderson, en el departamento de filosofía de la Universidad de Sydney, que arrastraba masas juveniles en los años 50. El hogar de los Stove era de un “ateísmo civil y silencioso”, “victoriano”, “vida limpia y alto pensamiento”, “un paganismo introvertido, con libros de segunda mano, silencios largos y dignos, el olor del jerez seco y una nube perpetua de tabaco”.
Estalinismo con agua bendita
Había una excepción: unas religiosas de Schoenstatt que vinieron a vivir al lado de su casa. Eran encantadoras, amables, inteligentes, cordiales… pero para la familia Stove eran todo esto “a pesar de” su fe. Al filósofo ateo le hacía ilusión llevarles ramas para adornar el convento en Navidad. El joven R. J. Stove, apasionado por la música, fue organista de una iglesia anglicana en su adolescencia y le encantaban los himnos, pero a los 18 años se convenció de que sin fe no tenía sentido su asistencia a esa iglesia y lo dejó. “Con cobardía característica lo anuncié a través de un intermediario, no en persona”, admite. Tragedias en la familia Pero su padre sumó más dolor a la tragedia. En ese año de 1993 le habían diagnosticado cáncer de esófago. Cuando el ataque derribó a su mujer, pensó que estaba relacionado con el anuncio de su enfermedad. Y ante el colapso de su esposa, se retiró, derrotado. “Él ya era alcohólico, y ahora hizo de las amenazas a los demás una práctica habitual. En el hospital sollozaba como un niño (nunca le había visto llorar). A veces deambulaba por el pabellón desnudo, en un pozo de desesperación confusa. La última vez que lo visité, para mi completo asombro, estaba leyendo una pequeña Biblia de los gedeones que había en la mesilla. Le comenté mi asombro. Fijó en mí el par de ojos más grandes, protuberantes, asustados y atemorizantes que he visto jamás y me dijo: ´ahora intentaré cualquier cosa´ «. R. J. Stove recuerda las palabras del muy agnóstico Bernard Shaw en “Demasiado verdadero para ser bueno”: “¡Y ahora, mírame y sé testigo de la gran tragedia de un ateo que ha perdido su fe!” David Stove, aún gran orador, elocuente, convenció al psiquiatra de que se encontraba mejor, el doctor ignoró la orden del magistrado de mantenerlo ingresado, lo dejó ir a casa, y antes de 24 horas David Stove se ahorcaba en el jardín de su casa. Era junio de 1994. «¿Está papá en el infierno?» Horrorizado, con su madre inerme y su padre muerto, R. J. Stove se hizo preguntas. Todo el “castillo ateo de cartas “ que sustentaba su visión de la vida se había hundido. “¿Estaba papá en el infierno? Si no, ¿había la menor esperanza de cielo para él pese a la forma de su muerte? Si la había, ¿por qué medios? ¿Cuánto había contribuido mi propia maldad a su suicidio? ¿Y cómo podía empezar a enmendar algo?” R. J. Stove además sufría de brotes periódicos de enfermedad mental. Durante años pensó que un “sí” a la fe y a la vida católica podía agravar su situación de salud mental. “Si hubiera sabido, como luego he descubierto, que mi catolicismo sería más eficaz que cualquier otra cosa para embotar el filo afilado de mi enfermedad no habría titubeado tanto”. «Charlas con conversos»
Dificultades en la oración Años después, ya católico, R. J. Stove admite que la oración personal no fue muy importante en su camino a la fe y que aún hoy le cuesta mucho (como a Waugh y a otros conversos intelectuales). La oración de petición le parece demasiado condescendiente consigo mismo. Además, es un hombre de mala memoria y aprenderse las oraciones más sencillas han sido para él “equivalentes al más duro trabajo intelectual que jamás se me ha pedido”. También le cuesta mucho confesarse, “una tortura para mí, pero necesaria para mi alma”. Al contrario que otros conversos al catolicismo que pueden parecer hostiles a los cristianos protestantes, Stove admira a muchos protestantes a los que ha conocido en actividades pro-vida, comprometidos hasta con heroísmo. Lo que va de Pasionaria a Santa Teresa
Stove comenta también que “algunas enseñanzas católicas parecen presuntuosas a la mayoría de no-católicos. Si las examinan bien, no lo son. Si buscas arrogancia, no la busques en la doctrina católica. Búscala en los titulares en el quiosco: la salvación mediante Lady Di, la divinidad de Nicole Kidman, la ausencia de pecado original en Brad Pitt… Cualquiera que haya sentido la tentación de adorar a esos extraños dioses en el pasado, podría asombrarse no de la impudicia del catolicismo, sino de su modestia”. Por Pablo Ginés
Fuwente: https://www.religionenlibertad.com/la-fe-es-absolutamente-satisfactoria-para-la-mente-dice-el-escritor-20808.htm |
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