El sacramento del altar, al que profetizó Daniel —profeta reconocido por Jesús, al cual mencionara— que en los últimos tiempos sería vejado, está recibiendo unos ataques de magnitud extraordinaria: personajes más poderosos de la Tierra (presidente de los EEUU y la presidenta del Congreso estadounidenses) y la nueva cismática Alemania están minando la sacro santa Eucaristía. Que públicamente, sin reserva, manifiesten posturas abiertamente contrarias a la moral de la fe católica, y que se atrevan a «desafiar» a la Iglesia, de una u otra manera a imponer derechos que nos les corresponden pues se han puesto al margen de la doctrina que les hace estar en comunión.
El Corpus Christi merece un respeto sublime, sagrado. Acercarse a recibirlo ha de hacerse con confianza en el amor de Dios presente y con la debida disposición. Dios nos anima a recibirle, a que entremos en comunión con Él; la comunión eucarística es una iniciativa suya, y algo que Él ha proporcionado, para alimentarnos con su presencia.
La verdad que nos asaltan duda diversas referente a si la Iglesia debe tomar medidas: por un lado está la pastoral de acogida y misericordia, de acompañamiento y de tratar de recibir el comunión y no rechazar a nadie y no excomulgar, de perdón, etc. Este es el talante de una pastoral de ternura y amor a ejemplo de un Dios paternal y siempre dispuesto a acoger a sus hijos… «El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.» (Salmo 144). Y por otro, está el temor de Dios, el respeto que nos merece, el vivir en estado de gracia, el acercarnos a Él con una disposición adecuada según lo dispuesto por su Iglesia.
Como ejemplo testimonial exponemos este caso de tiempos pretéritos: Cuando san Ambrosio, obispo de Milán, supo que el emperador Teodosio había mandado asesinar a miles de personas en Tesalónica, le escribió una carta diciéndole que «no ofrecerá el sacrificio eucarístico delante de él si se atreve a asistir.» (San Ambrosio, «Epístola» 51; Pl 16, 1160-1164).
Y una lógica aplastante: la desobediencia a la Iglesia, el aborto, u otros pecados graves hacen perder la gracia; son pecados mortales que impiden recibir el Cuerpo de Señor, por no estar en situación de gracia. Esto es rotundo según la doctrina católica.
Y referente a recibir la Comunión con dignamente, estas son palabras sagradas: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. De modo que quien coma del pan y beba del cáliz del Señor indignamente, es reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Así, pues, que cada cual se examine, y que entonces coma así del pan y beba del cáliz. Porque quien come y bebe sin discernir el cuerpo come y bebe su condenación. Por ello hay entre vosotros muchos enfermos y no pocos han muerto.» (1 Cor 11,26-30).
Luego —en el caso de EE.UU.— están las posturas diversas en pro y en contra de los prelados americanos ente la situación «cuasi escandalosa» en cuanto al ejemplo… y los que se quiere mantener al margen de la cuestión y no pronunciarse para no politizar la cuestión…
Otra cuestión hecho que nos llama la atención y que merece una reflexión (pero que nosotros no haremos; pues doctores tiene la santa madre Iglesia): El mismo Jesús en la última cena dio a comer su pan consagrado a Judas.
Y para finalizar, exponemos las palabras de la rueda de prensa del Papa Francisco en el vuelo de regreso de Eslovaquia, a la pregunta sobre la polémica en Estados Unidos sobre si negar la comunión a los políticos abortistas:
Pregunta O’Connell: Santo Padre, usted con frecuencia ha dicho que somos todos pecadores y que la Eucaristía no es un premio para los perfectos sino una medicina y un alimento para los débiles. Como usted sabe, en Estados Unidos y luego de la última elección, pero también desde 2004 en adelante, hay entre los obispos una discusión sobre dar la Comunión a políticos que han apoyado leyes a favor del aborto y del derecho de las mujeres a elegir. Y como usted sabe hay obispos que quieren negar la Comunión al presidente y otros altos funcionarios. Otros obispos dicen que son contrarios y hay otros obispos que dicen que no necesitan usar la Eucaristía como arma. Mi pregunta Padre: ¿Usted qué piensa de toda esta realidad y qué aconseja a los obispos? Y una segunda pregunta: ¿Usted, como obispo en todos estos años, ha negado públicamente la Eucaristía a alguno de estos?
Papa Francisco: ¡Yo nunca he negado la Eucaristía a nadie! A nadie. No sé si ha llegado alguno en estas condiciones, pero no nunca, nunca he negado la Eucaristía. Esto desde sacerdote.
Nunca he estado consciente de tener delante de mí una persona como usted describe, esto es cierto.
Simplemente, la única vez que tuve una cosa un poco simpática fue cuando fui a celebrar la Misa a una casa de reposo. Estábamos en el salón y dije los que sí querían recibir la Comunión que alcen la mano y la alzaron todos los viejitos porque todos querían la Comunión. Cuando le di la Comunión a una señora me tomó la mano y me dijo “¡Gracias padre, gracias! Soy judía”. También lo que te di era judío. Es la única cosa extraña pero la señora se comunicó.
La Comunión no es un premio para los perfectos, ¿no? Pensemos en el problema del jansenismo, los perfectos pueden comulgar. La Comunión es un don, un regalo, la presencia de Jesús en su Iglesia y en la comunidad. Esta es la teología, ¿no?
Luego, los que no están en la comunidad no pueden recibir la Comunión como esta señora judía, pero el Señor ha querido premiarla sin yo saberlo, ¿por qué? Porque están fuera de la comunidad, excomulgados se llama, es un término duro que quiere decir que no están en la comunidad porque no pertenecen a ella o porque no están bautizados o se han alejado o alguna de las cosas.
En segundo lugar, el problema del aborto. El aborto es más que un problema. El aborto es un homicidio. El aborto sin medias palabras. Quien hace un aborto, mata. Tomen ustedes cualquier libro de embriología de quienes estudian, de los estudiantes de la facultad de medicina. En la tercera semana luego de la concepción, muchas veces antes de que la mamá se dé cuenta, todos los órganos ya están allí, todos, también el adn. No es una persona, es una vida humana, punto. Esta vida humana debe respetarse. Este principio es así de claro.
A quien no puede entenderlo le hago dos preguntas: ¿Es justo matar una vida humana para resolver un problema? Científicamente es una vida humana. Segunda pregunta: ¿Es justo contratar a un sicario para resolver un problema? Esto lo he dicho públicamente a Jordi Évole cuando hablamos de eso, lo he dicho el otro día a la COPE porque quise repetirlo. Y punto. No se debe andar con cuestiones extrañas. Científicamente es una vida humana, los libros lo enseñan. Yo pregunto: ¿Es justo descartarla para resolver un problema?
Por esto la Iglesia es tan dura en este argumento porque es un poco… Si acepta esto es como si aceptase el homicidio cotidiano. Me decía un jefe de estado que la caída en la edad de la población comenzó con el aborto porque en esos años hubo una ley de aborto muy fuerte que se hicieron, se calcula, seis millones de abortos y esto originó una caída muy grande en la sociedad de ese país.
Ahora, vamos a la persona que no está en la comunidad. No puede recibir la Comunión porque está fuera de la comunidad. Esto no es una pena, ‘pero tú estás fuera’. La Comunión une a la comunidad. Pero el problema no es un problema teológico, esto es sencillo. El problema es pastoral. ¿Cómo nosotros los obispos gestionamos pastoralmente este principio? Si vemos la historia de la Iglesia veremos que, cada vez que los obispos han gestionado, no como pastores, un problema, se alinearon en la vida política, en el problema político. Por no gestionar bien un problema se metieron en la cuestión política.
Pensemos en las noches de San Bartolomé: herejes, sí. La herejía es gravísima, acabemos todo. Es un acto político. Pensemos en Juana de Arco, esta visión, pensemos en la caza de brujas, pensemos en los campos de flores, en Savonarola. Cuando la Iglesia para defender un principio no lo hace pastoralmente se mete en el plano político y esto siempre ha sido así. Basta mirar la historia.
¿Qué cosa debe hacer el pastor? Ser pastor y no ir condenando o no condenando, ser pastor, también del excomulgado, sí. Y debe ser pastor con él, debe ser pastor con el estilo de Dios y el estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura, toda la Biblia lo dice.
Cercanía, ya en el Deuteronomio, dice a Israel qué pueblo tiene dioses tan cercanos como tú lo tienes. Compasión, el Señor que tiene compasión por nosotros. Leamos Ezequiel, leamos Oseas, ya desde el inicio. Y ternura: basta mirar el Evangelio y las cosas de Jesús.
Un pastor que no sabe gestionar con el estilo de Dios se resbala y se mete en muchas cosas que no son de pastor. Para mí, no quisiera particularizar a Estados Unidos porque no conozco bien el detalle. Doy el principio.
Usted me puede decir, pero si usted es cercano, tierno y compasivo con una persona, le daría la comunión, esta es una hipótesis. Sí, el pastor sabe qué cosa debe hacer en cada momento, pero como pastor, pero si sale de esta pastoralidad de la Iglesia, inmediatamente se convierte en político. Y esto lo verá en todas las denuncias y condenas no pastorales que hace la Iglesia. Con este principio creo que un pastor puede moverse bien.
Los principios son de la teología, la pastoral es la teología y el Espíritu Santo que te va conduciendo a hacerlo con el estilo de Dios. Yo osaría decir hasta aquí.
Si usted me dice luego si se puede dar o no se puede dar, es casuística, allí donde claudican los teólogos. ¿Recuerda usted la tempestad que se armó con Amoris laetitia cuando salió ese capítulo de acompañamiento a los esposos separados, divorciados? ‘Herejía, herejía’. Gracias a Dios que estaba allí el Cardenal Schonborn que es un gran teólogo y que ha aclarado las cosas, ¿no?
Pero siempre esta condena, condena. Ya basta con la excomunión, por favor no metamos más excomunión a la gente, son hijos de Dios, están fuera temporalmente pero son hijos de Dios y quieren y necesitan de nuestra cercanía pastoral. El pastor resuelve las cosas como el Espíritu lo dice.
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