Pensamientos de Fe (44)

  1. Creer y amar están íntimamente vinculados; no hay -desde el punto de vista cristiano- posibilidad de que vayan por separado. Tal y como dice Santiago, «una fe sin obras es una fe muerta», o esto mismo: «quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas.» (1 Jn 2,9).     
  2. Jesús quiso dar a sus discípulos un ejemplo de humildad y de caridad: se inclinó a lavar los pies de los hombres. (Lavar los pies a los invitados era oficio de los siervos). Seguirle -o sea, tener fe- es hacer su voluntad -o sea, ponerse al servicio de los demás-.
  3. La Misa, la consagración eucarística, libera tan cantidad de energía espiritual, de gracia divina, única capaz de reducir las fuerzas del Mal en un mundo que deja a su aire acabaría destrozado por el egoísmo y perversión humana. Y como dijo el padre Pío: «El mundo podría quedarse incluso sin sol, pero no sin la Santa Misa».
  4. Ante el actual secularismo de dimensiones inauditas en la civilización occidental, que afecta singularmente al cristianismo, está quedando un tanto por ciento pequeño de creyentes practicantes, a los que el Señor brinda sus cuidados.
  5. Hoy la fe cristiana se está volviendo en una exquisitez para exquisitos.
  6. Desde la fe entendemos que nuestra actitud vital es per se la de ser agradecidos, por agraciados con el don del ser. Lo cual nos predispone al optimismo y a ser generosos, pues de nacimiento hemos recibido… lo que somos.
  7. En la relación con el mundo los que nos decimos cristianos hemos de ser prudentes.
    Contra los fariseos y escribas Jesucristo no compadreaba, les ponía en su sitio. Él mismo ya nos aviso: sed astutos como serpientes, mirad que vais a estar en medio de lobos.
  8. En un mundo que vive neuróticamente obsesionado con la felicidad material, de la satisfacción del cuerpo, los que portamos un mensaje de fe evangélica no tenemos más opción que expresar la identidad de la felicidad con la santidad, la esperanza cifrada en el cielo, en la plenitud en la otra vida, del riesgo de perderlo todo y de la salvación que nos procura Cristo Dios. Esto debemos comunicar al mundo, y no callar.
  9. Hoy se corresponde a la nula ley moral (radicada en la conciencia, de contenido natural y sobrenatural) la máxima ley política (basada en la autonomía de los hombres, cuyo contenido queda sujeto al espíritu del tiempo).
  10. Estamos tentados del pecado de omisión (de cruzarnos de brazos, pasiva y cómodamente): «¿Qué se necesita para que triunfe el mal? “Que los hombres buenos no hagan nada», decía el pensador inglés Edmund Burke.

 

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