El intento totalitario del Estado -a semejanza de los señores feudales del Medievo- es algo cada vez más patente y real. Negros nubarrones se ciernes sombre las libertades y la dignidad humana.
Tratan de imponer su voluntad sobre la ciudadanía, controlarla, dirigirla y someterla. El acaparamiento del poder es progresivamente mayor; de continuo, van ganando terreno en ámbitos como el de los poderes que sirven de contrapeso, como el judicial, el mediático, la educación, las familia, la religión, etc. Todo ello a base de legislar según lo que le interés, valiendo del juego a veces bastardo de mayorías (bien pagadas o compradas), de los grupos presión (muchos de ellos subvencionados con el dinero de todos, y del que el mismo estado dispone a capricho), con la adjudicación de nombradías para ocupar puestos en la carrera judicial (nombrando jueces de su cuerda, amigos, etc.), restringiendo la capacidad de enseñanza de colegios concertados y privados, acosando a los padres y familias para que accedan sin rechistar a la educación que el Estado proponga para su adoctrinamiento, los medios de comunicación están al servicio del poder -del que dependen para su subsistencia, ya sea por la publicidad o por las concesiones de canales y posters emisores, algo parecido ocurre en el arte y pensamiento -donde películas, publicaciones, etc.- dependen de las facilidades o subvenciones de papa Estado. A todo esto, si se le añade que los avances tecnológicos permiten controlar, vigilar y monitorizar a la gente, hay que concluir que estamos en situación de serios riesgos de estar a merced del Poder (que todo o del que, llegado un momento, sea definitivo). Y lo más triste es que lo adornarán con elegantes palabras; no faltarán razones -que no razón- para convencernos de que lo que hacen es por el bien del pueblo, por su seguridad, por la igualdad… En fin, que el Estado se está convirtiendo en el tan temible Leviatán, dominado -por -como dijera Hobbes- “el deseo perpetuo e insaciable de poder y más poder, que solo se interrumpe con la muerte”[1], y con intenciones «non sancta», que digamos nosotros. O se le pone coto al poder político estatal o acabaremos siendo sometidos por el acaparamiento de quien pretende adueñarse de la voluntad de las personas que viven en su territorio, y como todo se está en proceso de globalización… Hay que ponerse en lo peor a escala planetaria. Al tiempo.
……………………….. [1] Leviatán cap. 11. |
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