La cruda realidad

La realidad que creamos con toda naturalidad y de la que somos autores nos parece tan horrible cuando la vemos delante, que tratamos de ocultarla para que no nos acuse. No es que creamos que tapando la verdad esa va a desaparecer, como no desparece la luna por taparla con un dedo; pero cínicamente, pretendemos que otros no vean lo que hemos hecho e incluso ellos hacen, para que se siga haciendo. Es decir, consentir en el mal, como si tal; para que siga propósito….

Esto ocurre con las imágenes de abortos,  de Jesucristo crucificado, etc.; tienen en común que son víctimas inocentes aniquilados por el mal, que quiere que no se vea su rostro criminal, para proseguir manipulando y ejecutando su maldad destructora.

Entre la ceguera de la conciencia y el ocultamiento de la realidad hemos conseguido la perfección en no sentir la crudeza de lo que pasa.

Unos meses atrás, en Australia prohibieron que se mostraran por grupos Pro-vida carteles con fetos abortados.

Hace unos días, Facebook censuró un anuncio con la imagen de Cristo crucificado por ser “extremadamente violenta”. Pocos días después, por el revuelo levanto tachándolo de censurador y de quedar en evidencia de su tendencia quizá «cristianofóbica», ha rectificado.

Estos comportamientos argumentados sobre lo políticamente correcto, sobre lo que atenta a la sensibilidad de según quien, sobre lo que se entiende delito de odio y otros…, que se ajusten al intereses del censor, que quiere imponer su ideología, cosmovisión, paradigma,… o Nuevo Orden.

Siempre podrán aplicar una bonita leyenda, bien aderezada, que justifique airosamente el conseguir sus objetivos.  Esta de Fecebook era por “contenido impactante, sensacionalista o extremadamente violento”, y siempre se sobreentenderá que velan por el bienestar emocional y psicológico de la infancia (por ejemplo). Y todos aplaudiendo como locos.

¡Lo que tendremos que ver!… De momento tiene un tufo…

Miguel Morales

 


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