La bestia astuta

 

El filosofo alemán Robert Spaemann, en su ensayo «El rumor inmortal», define muy gráficamente el modelo antropológico del postmodernismo laicista de raíces nihilistas como el de la «bestia astuta».

 

Dice Spaemann que este hombre moderno que “se tiene a sí mismo como una bestia astuta” ha renunciado a llegar al conocimiento de la verdad y ocupa la mayor parte de su tiempo en cómo gestionar su lujuria, en cómo satisfacer sus apetencias, deseos e intereses y en como estar en la mejores condiciones para lograrlo. «Para una tal bestia no puede darse nada parecido al conocimiento de Dios». «Ocupados solamente en gestionar la propia lujuria consideran loco a todo disidente que se tome algo en serio, como por ejemplo, la verdad. Como hemos reflexionado en algunas ocasiones se trata de un hombre que negando la ley natural la ha sustituido por «la ley del deseo» que lo somete y eso lo ha alejado de Dios. O en palabras de Santo Tomás de Aquino » el placer desordenado es la causa del odio a Dios».

Mediante la caridad “el yo” toma conciencia de la dignidad propia y de la del “del otro” igual, de su valor, y ello lo mueve al respeto. Esa caridad hacia el otro implica la consideración de compañero con el que se comparte la vida, no de simple “pareja” con la que se cohabita temporalmente como los animales. El hombre, culmen de la evolución animal, que alcanza la plenitud de su desarrollo es aquel que se ha dado cuenta de que es un animal digno y que es eso lo que lo diferencia del resto. Ese respeto al que le mueve haber tomado conciencia de su dignidad y de la del otro semejante, a diferencia de las bestias, modula en el hombre plenamente desarrollado y emocionalmente maduro los instintos básicos: modula la atracción sexual, modula los afectos y modula el vínculo de apego.

Por tanto, el hombre que ya ha entendido con su razón y su inteligencia esta verdad sobre su ser y sobre su dignidad, siendo capaz de respeto al otro por caridad con él, ya no vive para la gestión de su lujuria como la bestia astuta de Spaemann, sino que vive para encontrar la verdad y una vez encontrada actúa responsablemente conforme a sus exigencias. En esa verdad encuentra su libertad para actuar al margen de el determinismo del instinto animal, de apetencias egoístas, o de modas mundanas. En esa verdad de la caridad hacia el otro encuentra la razón para un noviazgo respetuoso, para un matrimonio indisoluble, para la apertura a la vida en cada acto conyugal, para acoger a cada uno de los hijos concebidos, para una vivencia de su sexualidad plenamente humana. En esa verdad encuentra la fuerza para resistir a modas, a tentaciones o imposturas ideológicas. En esa verdad se hace hombre y persona aprendiendo a vivir para darse al otro semejante y deja de ser sólo una bestia especialmente astuta en la que la astucia es usada para sacar provecho de otra bestia. Porque no ha renunciado a la verdad ha sido libre para actuar con conocimiento y vive sin remordimiento.

Por el contrario el hombre que se tiene a sí mismo como una bestia astuta y que vive para la gestión de su lujuria a costa del otro, vive en la amargura de una insatisfacción continua, en la neurosis del eros y el tanatos, esclavizado por sus apetencias animales, apasionantes en su imaginación, decepcionantes en su materialización y que lo sumen en un traicionero remordimiento.

La cuestión final es si los dirigentes de los destinos del orbe deben ser las bestias astutas o los animales dignos, si queremos ser respetados o si debemos permitir que la astucia sea utilizada para que saquen provecho de nosotros. La cuestión es qué vamos hacer cada uno de nosotros, en quién nos vamos apoyar y qué espíritu nos va a mover para reconquistar esa dignidad que la bestia trata de arrebatarnos desde el génesis de la humanidad.

 En definitiva se trata de elegir si queremos ser bestias astutas o personas dignas, si viviremos con el objetivo de cómo gestionar con eficiencia todas nuestras “lujurias” o con el objetivo de encontrar la verdad en la caridad. Libertad o esclavitud. Verdad o engaño. Vida o muerte.

 

Esteban Rodríguez

Fuente y texto completo: https://www.religionenlibertad.com/opinion/21121/la-bestia-astuta.html

 


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