La amistad traicionada

“Miserable del siglo en el que de miedo no se atreve nadie a ejercitar amistad verdadera.” (Francisco de Quevedo[1]).

 

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            Dos amigos atravesaban un bosque cuando apareció un oso. El más rápido de los dos huyó sin preocuparse del otro que, para salvarse se tiró por tierra, como muerto.
El oso, creyéndolo muerto, lo chupó y se fue. Parecía como si le hubiese dicho algo.
¿Qué te ha dicho? Le preguntó el huidizo.
Sólo me ha dicho que no me fíe de los amigos como tú.

(León Tolstoi)

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          No son estos tiempos propicios para ejercer la amistad. Las relaciones entre las personas se han complicado mucho: se han tornado superficiales, inconstantes y expuestas a la infidelidad. Esto es algo que caracteriza a nuestro mundo actual.

   Una traición hoy día muy tolerada es la que se da en las infidelidades en la pareja. Es una virtud que ha perdido brillo y aprecio; lo cual va en consonancia con la falta de ética y grandeza humana. 

          Decía hace XXV siglo Aristóteles: “La amistad auténtica solo lo es por la virtud”. Y hoy , en la Era digital, la amistad no es virtud es virtual.

          Con las personas más próximas en nuestras vidas (padres, esposa, amigos, colegas, etc.) son con los que más y mejor se pueden vivir la amistad, son relaciones que se están viendo cada vez más inestables y decadentes. Los enfrentamientos de los hijos con los padres, los adulterios, las traiciones de amigos, las luchas por el escalafón entre compañeros en el trabajo, etc.) no hacen sino que poner de relieve lo que decía hace tres siglos Quevedo: miserable en tiempo en que no es posible la amistad verdadera.

         La decepción y los continuos desengaños han endurecido el corazón humano. Tener fe, creer, confiar… hoy día se ha hecho poco menos que imposible.

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[1] “Sentencias”: Obras Completas, Ed. Aguilar, Madrid 1932, p.817.

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