Callar y no chismorrear ni murmurar, criticar o difamar supone mucho…

Si fuéramos mudos habría hecho la mitad del camino hacia el cielo y la santidad. Con ese defecto es imposible ser verdaderamente buen cristiano.

“Si uno no ofende con la palabra, ese tal es perfecto varón” (Sant 3,2).

“Hermanos, no habléis mal unos de otros. Quien habla mal de un hermano, habla contra la ley” (Sant 4,11).

Ayer, 6 de septiembre, a la hora del Ángelus el papa Francisco hizo una alusión a este tema de hablar mal del prójimo, del chismorreo, al que calificó como una peste peor al Covid-19.  Y lo hizo al reflexionar sobre el Evangelio del día, el de San Mateo (18,15-20), en cual Jesús explica la importancia de la corrección fraterna.  Y dijo el Papa:  “para corregir al hermano que se ha equivocado, Jesús sugiere una pedagogía de recuperación” y añadió que “siempre la pedagogía de Jesús es una pedagogía de recuperación”. Jesús sugiere “ir al hermano con discreción, no para juzgarlo, sino para ayudarlo a darse cuenta de lo que ha hecho”.

Este asunto de las murmuraciones es algo que tiene muy presente el Santo Padre. Quizá sea porque lo padece. Hay mucho crítico en la Iglesia y mucho chismoso en ambientes vaticanos. Seguro. En la parte inferior añadimos dos artículos-noticias de a comienzos de su papado en que se hacía referencia precisamente a esto.

Estas palabras escogidas nos ayudarán a tener siempre presente la gravedad que supone el hablar mal de los demás, incluso aunque se tenga razón y lo que se diga sea verdad:

“Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprochables y sin malicia, hijos de Dios irreprensibles” (Flp  2,13)

“Se sobrios y velad en oración. Ante todo insistid en la caridad mutua, pues la caridad cubre muchedumbre de pecados. Sed hospitalarios unos con otros sin murmurar.” (1 Pe 4,7-9)

“El hombre perverso siembra la contienda, / y el chismoso divide los amigos.”(Prov 16,28).

“Maldito el murmurador y el de lengua doble, / porque perdió a muchos que vivían en paz.” (Eclo 28,13). .

“El que le da oídos no encontrará reposo, / ni morará en paz.” (Eclo 28,16). .

“Las críticas no son otra cosa que orgullo disimulado. Una alma sincera para consigo misma nunca se rebajará a la crítica. La crítica es el cáncer del corazón.” (Santa Madre Teresa de Calcuta)[1]

San Juan de la Cruz no consentía que nadie hablara mal de los demás. Reprendía a quien comentara los defectos ajenos, defendía a todos y opinaba que debemos evitar también el dar oídos a quien lo haga. “Nunca oiga flaquezas ajenas, dice San Juan de la Cruz; y si alguna se quejare a ella de otra, podrále decir con humildad que no le diga nada” (As. I, 61,8) . “Isabel de Santo Domingo, gran mujer, predilecta de la madre Teresa y priora muchas veces de Segovia, se decide a poner a fray Juan en guardia con relación a una persona, para que no se deje engañar de ella en cosas de espíritu. “No sea de esa manera —le replica el Santo— ni tenga malos pensamientos, que perderá la pureza del corazón. Más vale que se deje engañar”.[2]

“Para conocer si poseo verdadera caridad, he de considerar si, cuando me pongo a hablar de alguno de mis prójimos, estoy más pronta a decir sus virtudes que sus defectos. Y aun cuando no hablase mal, el solo pararme a escuchar el mal, sería ya gran malas, porque, callando, daría a entender que asiento a lo que escucho. Por eso, Dios mío, cuando alguien me venga a decir un defecto del prójimo, no querré oírle y le diré que haga oración por él y ruegue para que yo misma me enmiende. Tendré menos reparo en decir el defecto al que lo comete, que no en hablar de él con otros, porque, obrando de este modo, en vez de poner remedio, se cometen muchos otros defectos bastante peores que el defecto de que se habla” (Santa M. Magdalena de Pazzis).[3] 

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“El diablo quiere crear una guerra civil interna en el Vaticano”

 EFE. Ciudad del Vaticano. 28/09/2013

El Pontífice critica los “chismorreos”, que deben convertirse en “lengua prohibida” porque “generan el mal”. Francisco insta a los gendarmes a intervenir ante los “chascarrillos”.

El Papa Francisco dijo, este sábado, que el diablo trata de crear una guerra civil interna en el Vaticano, una suerte de guerra civil y espiritual. “Es una guerra que no se hace con las armas, que conocemos, se hace con la lengua“.

El Pontífice argentino pronunció una homilía durante la misa para el Cuerpo de Gendarmería Vaticana, en la gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos, con ocasión de la fiesta de los gendarmes, San Miguel Arcángel.

“Pidamos a San Miguel -dijo el Papa Bergoglio- que nos ayude en esta guerra: nunca debemos hablar mal uno del otronunca abrir los oídos a los chismorreos“, según informa Radio Vaticano.

El Santo Padre instó también a los gendarmes a intervenir si escuchan cualquier “chascarrillo”. “Es necesario frenarlo” aseveró, y sugirió a los gendarmes que cuando vean un comportamiento así digan: “Aquí no se puede: salga por la puerta de Santa Ana (que da entrada al Vaticano), vaya fuera y chismorree allí. Aquí no se puede”.

Para el Papa, el chismorreo, de hecho, debe convertirse en una “lengua prohibida” en el Vaticano, porque “genera el mal”.

Una maldad que ha resumido el Papa: “Digo así, para todos, también para mí, para todos”, porque “es una tentación que al diablo le gusta mucho: aquella contra la unidad, cuando las insidias van contra la unidad de que los que viven y trabajan en el Vaticano”.

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El papa al Cuerpo de la Gendarmería: defended el Vaticano de la mala hierba de las murmuraciones

Homilía de Francisco al Cuerpo de la Gendarmería en ocasión de su patrón

Ciudad del Vaticano, 28 de septiembre de 2013 (Zenit.orgRedacción 

“Las murmuraciones” son una “lengua prohibida” en el Vaticano, porque es una lengua que genera mal. Lo ha afirmado esta mañana el papa Francisco en la eucaristía que ha celebrado a las 9.00 con el Cuerpo de la Gendarmería Vaticana cerca de la Gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos, en ocasión de su patrón, san Miguel Arcángel.

Francisco ha hablado de nuevo sobre el peligro de las “murmuraciones”, que lleva a uno a hablar mal de otro y destruye la unidad. Y del contagio de esta “mala hierba” ninguno es inmune.

“Alguno de vosotros podría decirme: ‘pero, padre, ¿qué tenemos que ver nosotros aquí con el diablo? Nosotros debemos defender la seguridad de este Estado, esta ciudad: que no haya ladrones, que no haya delincuentes, que no vengan los enemigos a tomar la ciudad”. Pero, también eso es verdad, pero Napoleón no volverá más ¿eh? Se ha ido. Y no es fácil que venga un ejército aquí a tomar la ciudad. La guerra de hoy, al menos aquí, se hace de otro modo: es la guerra de la oscuridad contra la luz; de la noche contra el día”, ha explicado el papa.

A continuación, el santo padre les ha pedido “no solo defender las puertas, las ventanas del Vaticano” – un trabajo necesario e importante – sino defender “como vuestro patrón san Miguel” las puertas del corazón de quien trabaja en Vaticano, donde la tentación “entra” exactamente como en todas partes.

Y ha proseguido Francisco: “pero hay una tentación…pero yo quisiera decirla – la digo así para todos, también para mí, para todos – pero es una tentación que le gusta mucho al diablo: la de contra la unidad, cuando las trampas van precisamente contra la unidad de los que viven y trabajan en el Vaticano. y el diablo intenta crear la guerra interna, una especia de guerra civil y espiritual ¿no? Y es una guerra que no se hace con las armas, que nosotros conocemos: se hace con la lengua”.

Para concluir, el papa ha pedido a san Miguel que nos ayude en esta guerra: “nunca hablar mal uno del otro, nunca abrir las orejas a las murmuraciones. Y si oigo a alguno murmurar ¡páralo! ‘Aquí no se puede, da la vuelta a la puerta de Santa Ana, vete fuera y murmura allí!  ¡Aquí no se puede!’…es esto ¿eh? La buena semilla sí: hablar bien uno del otro sí, pero la mala hierba no!”

(Fuente: Radio Vaticana)   Innovative Media Inc.

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[1] Orar,  Planeta, Barcelona, 1997, 110.

[2] JESUS DE, CR., Vida de san Juan de la Cruz; en Vida y obras completas de san Juan de la Cruz, BAC, Madrid, 1964, p.290.

[3] Rev. EL PAN DE LOS POBRES, núm. 996, 13 de Mayo de 1984, p.98.

 

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