
El Evangelio de la Liturgia (Mc 6,1-6) de la misa de hoy, 4 de febrero, recoge la experiencia que tuvo Jesús en su ciudad, Nazaret: donde todos, que le conocían de siempre, se sorprendieron de la elocuencia, el saber, la autoridad… con la que Jesús enseñaba. Y se decían: «¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
También hay otro lugar en el evangelio de Marcos (3, 32) en que se habla de los hermanos de Jesús: «Un día Jesús estaba predicando y los que estaban sentados alrededor de él le dijeron: `Tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan´«.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,1-6):
EN aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Y se escandalizaban a cuenta de él.
Les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
Sobre los hermanos de Jesús hay tres versiones: la de los protestantes, que dice que fueron hermanos carnales de Jesús, en cuanto que María habría tenidos más hijos; luego, los ortodoxos que dicen que José habría estado ya casado y al enviudar habría aportado al matrimonio con María, los hijos, que serían hermanastros de Jesús, y la tercera versión es la de los católicos, en la que estos hermanos serían primos, es decir, que no tendrían los mismos padres de Jesús, sino los abuelos.
Es verdad que en los evangelios se habla de «los hermanos y hermanas de Jesús». Pero eso no quiere decir que sean hermanos de sangre de Jesús, o hijos e hijas de la Virgen María.
Aclaremos:
- En arameo (y también en hebreo), que era la lengua en que se hablaba, se usaba la misma palabra para expresar grados de parentesco cercano, como el de primo e incluso sobrino, por hermano. En hebreo o arameo, donde el término «ah» (hermano) tiene un campo semántico más amplio que puede incluir otras relaciones de parentesco. La palabra griega adelphos, a menudo traducida como «hermano», puede referirse a cualquier relación familiar.
- Santiago el Menor, Simón y Judas Tadeo comprarían abuelos con Jesús, es decir, serán los primos carnales hoy día, y no hermanos.
- Para precisar sobre un hijo propiamente, se reafirmaba diciendo el nombre y añadiendo «hijo de tal»; es decir:»Jesús, el hijo de María» o » Simón, hijo de Jonás» (Mt 16, 17). En ningún sitio se habla de los hermanos de Jesús en sentido estricto, como «hijos de María».
- Cuando Jesús subió a Jerusalén con sus padres, María y José, tenía ya 12 años. Nada se dice de que hubiera ningún otro miembro de la familia..(Cf. Lc 2, 41-52). Lo mismo cuando, al poco de nacer Jesús ante la muerte de los inocentes, tuvieron que huir a Egipto (Cf. Mt 2,13-14).
- Otro texto significativo es del momento de la muerte de Jesús (Cf. Jn 19, 26-27), que desde la cruz confió su madre María al apóstol Juan, primo segundo de Jesús, hijo de la tía de María, María Salome, la de Zebedeo, precisamente porque María quedaba sola, sin hijos propios y sin esposo. Y con él iría a vivir a Éfeso, no retornó a Nazaret, como si hubiera tenido algún hijo aquí. Al pie de la cruz, además de estar María Salome, madre de Juan y Santiago el Mayor; también estaba María Alfeo o Cleofás (pues se casó dos veces), madre de Santiago el Menor, José, Simón y Judas (Tadeo) y otras mujeres: María Magdalena, Juana y Susana…
- Santiago el Menor fue nombrado primer obispo de Jerusalén. (Luego, una vez asesinado, le sucedería el otro hermano, Simón). Pues bien, esto dice san Pablo hablando del tiempo posterior a su conversión en carta a los Gálatas (cap. 1): «18Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y permanecí quince días con él. 19De los otros apóstoles no vi a ninguno, sino a Santiago, el hermano del Señor. 20Dios es testigo de que no miento en lo que os escribo.» Es decir: Pablo habla de Santiago el de Alfeo, el apóstol que fue primer obispo de Jerusalén, Santiago el Menor era hijo de su tia, hermana de Maria, por lo que viene a demostrarse que a los primos, a los que compartían unos mismo abuelos, se les denominaba como hermanos.
- Ana (de la tribu de Leví y Esenia), casada con Joaquín (de la tribu de David y pariente de san José), tuvo a María, que tuvo a Jesús. Ana también tuvo a otra hija: María de Cleofás o Alfeo (Cleofás, primo hermano de san José) que tuvo a Jacob o Santiago el Menor, a Simón, Judas Tadeo (del primer matrimonio, antes de enviudar), José, Lidia y Lisa.
- En el evangelio se dice que Jesús es el primogénito de María (Lc 2,6), lo que implicaría ser el mayor de varios hermanos. Sin embargo, el término “primogénito” es la forma legal de llamar el primer hijo (Ex 12,29; 34,19, etc.) y no implica que hubiera otros hermanos después de él. En el Evangelio de Juan (20,17), Jesús llama a sus discípulos y apóstoles: «mis hermanos» y en la carta a los Hebreos (2,11) todos los redimidos por Cristo son «sus hermanos». Cristo es «el Primogénito de estos hermanos.» (Rom. 8,29). Espiritualmente hablando, somos hijos de un mismo Padre, que está en el cielo, pertenecemos a la familia humana creada por Dios, en la que Jesús, el Hijo de Dios, se encarna, asociándonos a Él, como primogénito, y constituyéndonos en hermanos.
- Quien se identifica con Cristo, por la gracia de la fe se hace uno de los suyos, confraterniza con Él, De modo que este pertenecer a Jesucristo, tiene un distintivo: «todo el que hace la voluntad de Dios ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt. 12, 50). Así, y en este sentido, el término «hermano» es tan relevante que en las cartas del Nuevo Testamento se lleva a usar hasta en ciento sesenta veces. Cristo nos hace hermanos.
- Dios es lo primero en todo, hasta tal punto que antecede incluso al amor familiar, la fe es un vínculo más fuerte que el de la sangre pues une con Dios. Es el parentesco de la familia celeste, y que es para siempre, eterna.
