Iglesia de Sardes

Hay quien afirma que cada una de las cartas dirigida a las iglesias al comienzo del Apocalipsis plasma el momento histórico de las 7 etapas de la historia de la Iglesia a lo largo de su existencia. Según este planteamiento, la Iglesia de Sardes su periodo histórico habría ya concluido -mediado el siglo XX-, dando pasó al de Filadelfia, que sería en el que nos encontramos, y en el que la Iglesia vivirá momentos trascendentales.

Vamos a ver lo que nos aporta esta carta de Sardes y su relevancia, sobre todo para nuestros días.

 

Texto bíblico del Apocalipsis, capítulo 3:

[1]Al Ángel de la Iglesia de Sardes escribe: Esto dice el que tiene los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas. Conozco tu conducta; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. [2]Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras llenas a los ojos de mi Dios. [3]Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi Palabra: guárdala y arrepiéntete. Porque, si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. [4]Tienes no obstante en Sardes unos pocos que no han manchado sus vestidos. Ellos andarán conmigo vestidos de blanco; porque lo merecen. [5]El vencedor será así revestido de blancas vestiduras y no borraré su nombre del libro de la vida, sino que me declararé por él delante de mi Padre y de sus Ángeles. [6]El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.

 

Comentario:

El Señor, Cristo, avisa a esta Iglesia que aunque se tenga por muy viva, en realidad agoniza; y a la vez, la urge a que esté vigilante y se reanime antes de que muera del todo y salve una parte. Que sea fiel a su Palabra, que la cumpla y viva de ella. Insiste el Señor en que este el vela, pues puede venir (en su segunda venida) y encontrarla dormida e indispuesta para recibirle, como en el caso de las novias de las lámparas sin aceite.

Después sigue el Señor añadiendo: unos pocos -el Resto-, los justos, los que le han sido fiel y lo serán, los mártires que han dado vida y han lavado sus vestiduras con la sangre y la sangre del Cordero, permanecerán en el libro de la vida, el de la eternidad, para los que Él testificará en el juicio final.

Son tiempos duros y problemáticos para la Iglesia. Sólo hay que echar la vista atrás para ver las duras pruebas por las que ha pasado la Iglesia -desde la época de la revolución francesa y napoleónica, hasta las beligerantes  opciones políticas ideologías materialistas revolucionarias, especialmente de izquierdas; pero sin olvidar al liberalismo, colorado, y a la masonería; para acabar en el nazismo…

La segura Sardes fue zarandea en todos los aspectos, pero dejando traslucir ya la debilidad que arrastraba y que, junto con el espíritu del tiempo (del nihilismo-relativista-materialista), que se estaba ya fraguando, atisbaba la apostasía que iba a desembocar con toda su virulencia en los tiempos de la Iglesia de Filadelfia, en la que nos encontramos. Resulta muy preocupante la ausencia de una presencia relevante de Dios en la sociedad actual. La Iglesia ya no será combatida en lo temporal que le ha sido quitado, ahora se trata de una lucha por desnaturalizarla, por hacerla perder su esencia, por pervertirla, autodemolerla “interiormente”.

Esto ya lo vería el que fuera papa Pablo VI, Monseñor Montini “El pecado que caracteriza nuestro tiempo es la apostasía, el abandono de la fe, la incredulidad, la crisis de pensamiento y de conciencia, el abandono casi normal de las tradiciones religiosas, santas y sagradas.”
Aún cuando el hombre se aleje de Dios hasta el punto de abocarse a la destrucción, el Señor volverá a establecer un nuevo comienzo precisamente en la decadencia del mundo. De ahí que se pida estar en vela; no sea que Dios intervenga, y sorprenda (como ladrón en la noche)

Dios pide estar atentos, despiertos, vivos, cumpliendo fielmente su voluntad, y hacer penitencia.

Muy posiblemente sea la Madre de Dios, la Virgen María, quien intercede para que esta intervención -castigo- se postergue. Si no se ha entrado en situación crítica o caótica es porque hay quien carga sobre sí los pecados de Sardes y detiene el pesado brazo de Dios que, como ladrón en la noche, caerá sin avisar. El papa Benedicto XVI, cuando era cardenal Ratzinger dijo sobre el tercer secreto de Fátima: “Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!”

 

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