Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en lazos y en muchas codicias insensatas y funestas que hunden a los hombres en la ruina y la perdición, porque la avaricia es la raíz de todos los males (1 Tim 6,9-10a).
«Para San Pablo, el más execrable pecado es la avaricia. Y esto porque la avaricia consisten en tomar los medios por fines«[1] (Unamuno).
«La avaricia generalmente embota el buen juicio humano y pervierte los criterios«[2] (San Ambrosio).





