“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra” (Mt 5,4).
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt 11,28).
¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre (Sant 3,13).





