Juan Pablo I

Su rostro sonriente lo revelaba todo: bondad, calidez, ternura, sencillez, humildad, piedad, gratitud…

 

           El papa Juan Pablo I, cuando era Albino Luciani, en la homilía del 6-1-1959, tras su ordenación episcopal, lo expresó así de bellamente:

 

          “En estos días estoy pensando que le Señor usa conmigo su viejo sistema:

           Saca a los pequeños del barro de la calle, y los pone en lo alto. Saca a la gente de los campos, de las redes del mar y los hace apóstoles.

           Es su viejo sistema.

           Ciertas cosas el Señor no las quiere escribir ni en el bronce, ni en el mármol, sino en el polvo, para que si la escritura permanece, para que, si no se la lleva el viento, quede bien claro que todo es obra y mérito del Señor.

           Yo soy el pequeño de antaño, yo soy el que viene del campo, yo soy el puro y pobre polvo; SOBRE ESTE POLVO el Señor ha escrito mi elección, me ha hecho su elegido.

           Si algo bueno nace de todo esto, quede claro ya desde ahora: Es sólo fruto de la bondad, de la gracia, de la misericordia del Señor.”[1]

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

[1] LÓPEZ MELÚS, RAFAEL Mª., Caminos de santidad V, ejemplos que edifican, Edibesa, Madrid 2000, p.104.