
Odiar es un pecado, es lo opuesto a la santidad que consiste en amar, en ser semejantes Dios, cuya esencia vital es amor. Y he te aquí, que los enemigos de Dios, de la religión, de la Iglesia y de los cristianos, que estarías más por combatir aquel «dogma» de fe, resulta que utilizan el odio como un arma arrojadiza: han dado la vuelta de tal forma al odiar que lo han convertido no ya en un pecado (categoría teológica) para convertirlo en un delito. Así lo han plasmado en una ley.





