
Nuestra religión es la religión del amor, la de un Dios que ama en sí, trinitariamente, y que nos ama. En él y por Él tenemos la razón de nuestra existencia. «Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.» (1 Jn 4,7b).
La fiesta de hoy, pues, nos hace contemplar este maravilloso misterio de amor y luz del que procedemos y hacia el cual se orienta nuestro camino terrenal.
Está el Padre, al que rezo con el Padrenuestro; está el Hijo que me ha dado la redención, la justificación; está el Espíritu Santo que habita en nosotros y habita en la Iglesia.

Justamente hace una semana, el viernes pasado, Raúl de Pozo pronunció unas palabras que, en parte, contestamos en el artículo «Raúl del Pozo. La opinión es y sale gratuita, aunque sea injusta o difamatoria.«
Aunque muchas veces y a los ojos mundanos parezca que está ausente; no es así. Dios actúa discretamente, espiritualmente; pero… precisa de las manos humanas para obrar «milagrosamente», desde la sobrenaturalidad; Dios en su omnipotencia podría prescindir de este requisito («que se ha autoimpuesto»), pero lo ha querido así por respeto a la dignidad otorgada a su criaturas a las que quiere elevar a la condición de hijos.
Llamar al Espíritu continuamente para que esté presente en nuestras vidas. La Iglesia nos invita a implorar todos los días al Espíritu Santo, especialmente al comenzar y al terminar cualquier acción importante.
Seguir leyendo «Ángelus, 17 de marzo de 2021. Catequesis: La oración y la Trinidad, 2.» →
