Algo hay que no va como se supone que debería ir. La mediocridad existencial del ser humano de hoy es apabullante. No hay nivel, no hay grandeza, no hay genio creador, no hay aspiración a lo más sublime y elevado, al sumo bien, a la integridad moral, a la belleza excelsa, etc., etc.
Si el cristianismo ha tenido, a escala global y hasta nuestros días —o ayer—, un protagonismo notable en la forja de la cultura, el pensamiento, la moral y las costumbres de pueblos, naciones e individuos, desde que por allá el siglo IV, cuando Constantino le dio carta de ciudadanía; Seguir leyendo «La exclusión del cristianismo»→
Al hecho confundir deseo con realidad, el supuestamente adulto –bípedo e implume de la actualidad– lo ha conceptualizado arteramente y eufemísticamente asignándolo la guapa denominación de pensamiento mágico.