
“En la Iglesia caben todos” es quizás la frasecita de turno más usada y manoseada por quienes indebidamente “acogen el pecado”; ¡ojo!, no digo a los pecadores, que por supuesto, cabemos todos, pero apercibidos de que ante el pecado sólo cabe la conversión, que presupone el arrepentimiento, la confesión, el propósito de enmienda y la penitencia.




