
«Vosotros sois todos hermanos» (Mt 23,8).
«Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! » (1Jn 3,1)
«Si recibimos el alma de un solo Dios, ¿qué somos sino hermanos? .» (Lactancio).
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Esta la historia real de dos gemelos en su primera semana de vida
Aparentemente, cada uno estaba en su respectiva incubadora, y se esperaba que uno falleciera.
Una enfermera del hospital se saltó las reglas del hospital y colocó a los bebés en una sola incubadora.
Cuando ambos estuvieron juntos, el bebé más sano colocó su brazo sobre su hermana en un pequeño abrazo. Entonces se produjo el prodigio: El corazón de la hermanita enferma empezó a estabilizarse y su temperatura se elevó a lo normal.
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No nos olvidemos abrazar a aquellos que amamos, pero tampoco olvidemos que en el mundo hay muchas vidas sin amor que están esperando el toque de una mano amiga, el abrazo de un corazón humano; esperan que las comuniquemos con Aquel que puede transformar su estado de agonía en vida y vida en abundancia.
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La Humanidad entera es familia de Dios, desde el momento en que la creó a su imagen y semejanza, insuflándola aliento vital, espiritual, por puro amor y gracia, y para que fuera santa y feliz para toda la eternidad junto a Él, en su gloria; reproduciendo la Humanidad del Hijo. «Los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a éstos también llamó, y a los que llamó, a éstos también justificó,; y a los que justificó, a éstos también glorificó.» (Rom 8,28-35).
El ser bautizados o ser de Cristo, discípulos suyos, miembros de la Iglesia, otorga una filiación cualitativa en la relación con Dios Padre de toda la Humanidad.»Hermanos en la fe» (Gál 6,10).
Un hombre, discípulo de Cristo, que sabe que es hijo de Dos y hermano de todo ser humano: «`¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: `Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.´» (Mt 48-50). «Ve a mis hermanos y diles que subo al Padre mío y vuestro» (Jn 20,17b).
Los desgraciados, descartados, empobrecidos, miserables, desfigurados, etc., «esos hombres, que, aunque no lo queráis, son hermanos nuestros, según Dios, que tiene nuestra misma naturaleza y fueron formados del mismo barro de que al principio fuimos creados todos.» (San Gregorio Nacianceno).
«Si todos hemos nacido del primer hombre, creado por Dios, somos ciertamente consanguíneos, y por ello debe ser tenido por gran crimen odiar al hombre, incluso aun cuando sea culpable. » (Lactancio).
«Si todo fue creado por Cristo, para El y en El, de tal forma que todo posee rasgos del rostro de Cristo, entonces puede aplicarse esto muy especialmente al hombre, hermano Suyo en cuanto a la humanidad. El hombre no es tan sólo imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26), sino que es también imagen y semejante de Cristo (Rom 8,29).
«Jesús glorificado, presente en cada ser y en cada hombre, actúa y hace fermentar el bien, la humanidad, la fraternidad, la comunión y el amor en todos y cada uno de los hombres, donde quiera que se encuentren.
«La fe obliga , nos obliga a tratar de mirar con profundidad el rostro del hermano, a amarlo, a darle de comer, de beber y de vestir (…) El hombre constituye la principal manifestación no sólo de Dios sino también de Cristo resucitado, en medio del mundo.
«Sin el sacramento del hermano, nadie podrá salvarse.»[1]
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[1] BOFF, L.: «Jesucristo el liberador», Sal Terrae, Santander 1980, pp.228-230.
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