Festividad de Felipe y Santiago, 3 de mayo

Hoy celebramos la importante fiesta de estos dos apóstoles de Jesús. De los que podemos hablar algunas cosas interesantes. Por ejemplo que Santiago era primo carnal de Jesús y que Felipe, podría decir, al igual que a san Esteban le llamamos el protomártir, que fue el protoevangelizador: él fue el que anuncio a Natanael -apóstol Bartolomé- que habían conocido al Mesías esperado, al que le presentaría después.

Felipe, como Pedro y Andrés, era natural de Betsaida, población cercana a Cafarnaúm. Junto con Juan, Andrés y Tomás “seguían” las prédicas de Juan Bautista. Cuando Jesús se presentó para ser bautizado en el Jordán, ellos estaban allí, y tras conocer la identidad de Jesús como el Cristo, por indicación de Juan Bautista, cuando manifestara ante quien tenía en su presencia que no era digno ni de abrocharle las sandalias, y también y sobre todo por la epifanía de la revelación del Padre y el Espíritu Santo, al dar a conocer de quien se trataba en el momento de bautismo.

Felipe ocupa sitio en las listas de los Doce que aparecen en los Evangelios es a continuación de las dos parejas de hermanos (Pedro y Andrés, Santiago y Juan) y antes que Natanael.

Además de la intervención de dar a conocer a Jesús a Natanael, Felipe aparece otras tres veces en los Evangelios, interviniendo en circunstancias diversas: en la multiplicación de los panes y peces está preocupado por la desmesurada cantidad de dinero de que deberían disponer para darles a aquellos famélicos seguidores de Jesús aunque fuera solo un pedazo de pan; otra ocasión está situada en la fiesta de la Pascua, cuando media junto con Pedro entre los prosélitos griegos que quieren ver a Jesús, haciendo quizá de intérprete de ellos; la tercera y última, en el Cenáculo, expresando el deseo de conocer mejor al Padre: “Felipe le dijo: `Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta´. Jesús le respondió: `Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?. El que me ha visto, ha visto al Padre´”. (Jn 14,8-9)

Felipe, después de la Ascensión, permaneció un tiempo indeterminado en Jerusalén, y luego, como los demás apóstoles se dedicó a evangelizar. Estuvo Frigia (ahora Turquía). Murió mártir, como todos los apóstoles, a excepción de Juan. Su muerte fue en torno al año 54. Una parte de sus reliquias fue a parar a Constantinopla y otra parte está en Roma, en la basílica de los Santos Apóstoles.

Santiago era de Caná de Galilea, próxima a Nazaret. Santiago el de Alfeo, el apóstol que fue primer, pues su madre era tía de Jesús, hermana de la Virgen María, y también, incluso, primo por la parte de tu padre putativo José, ya que el padre de Santiago era hermano de san José. Santiago se le llama el Menor, para diferenciarle del otro Santiago, el Mayor, y que también era pariente de Jesús, es decir, que compartían un mismo bisabuelo.

Solo aparece enumerado en las listas de los Apóstoles sin que intervenga en los textos evangélicos ninguna vez.

Santiago tuvo su relevancia: ya que fue la cabeza -primer obispo- de la Iglesia de Jerusalén. San Pablo dice  que le visitó la primera vez que fue a Jerusalén después de su conversión; y, cuando Pedro fue liberado por el ángel de su prisión, y fue a la casa de Juan Marcos, dejó el encargo de que le comunicasen a Santiago su libertad; intervino en el concilio de Jerusalén, abogando por la unidad entre los cristianos provenientes de los judíos y los que venían del paganismo, y sugiriendo se les impusiera a estos últimos unas mínimas pautas de conducta que facilitasen la convivencia entre los hermanos.

Eusebio recoge de Hegesipo la afirmación de que tanto los judíos contemporáneos de Santiago como los cristianos le llaman «el Justo», por ver en él a un hombre austero, sin mancha y con callos en las rodillas de tanto adorar.

La Carta de Santiago  del Nuevo Testamento es suya. Escrito donde entre otras cuestiones expresa claramente la relación que debe darse entre la fe y las obras, también advierte severamente a los ricos con respecto al uso de sus bienes, y así como de la paciencia en las pruebas y tribulaciones, etc.

Josefo afirma que el Sumo Sacerdote Anás II lo mandó matar por lapidación, después de haberlo tirado desde lo alto de las murallas del templo, y murió rezando por sus asesinos.

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