En defensa del papa Francisco (I)

Este artículo es una defensa cerrada del Papa actual, sobre el que tantas y enconadas descalificaciones, insidias y calumnias se están vertiendo, creando sobre su figura una animadversión generalizada.

Tiempo atrás, el Papa dijo -más menos- que aquellos que murmuran envenenando con sus chismorreos el alma de la gente, son como terroristas que dejan el paquete y lo dejan ahí esperando que explote. Sonaron como muy fuertes esas palabras, pero seguro que lo hacía consciente del daño tremendo que producen y que él mismo estaba padeciendo (“respirando por la herida”, dice el dicho).

En muchas partes de la Iglesia y también en el mismo Vaticano (El papa Francisco tiene enemigos poderosos dentro de la Curia) son numerosas las críticas y maniobras de todo tipo y de toda forma (públicamente, ocultamente), que enrarecen el clima en contra del Santo Padre, dentro y fuera de la Iglesia.

No solo murmuran y malmete, criticando con mal estilo, aireando los trapos sucios, existan o no; sino que filtran documentos, falsas noticias, colocan carteles agresivos contra el Papa a las vista de todos en el mismo Vaticano, amenazan…

A tal extremo se está llegando que está calando todo esto en el ánimo de los fieles más sencillos de cualquier parte. Cualquiera de ellos ya se permite hacer cualquier juicio adverso contra el Papa. Hay comentarios que lo tachan de ser poco más o menos que el Anticristo (identificándose, sin saberlo, con los protestantes de toda vida); otros, lo tildan de impostor, como si hubiera sido elegido indebidamente; otros, como en algunas mensajes que hemos recibido en nuestra página Web, hablan de él con lindezas como -textualmente- “infame Bergoglio”, “blasfemo y hereje”, “gran culpable de la crisis de la Iglesia, de la falta de vocaciones… (en Italia que ha perdido 6.000 en los últimos 30 años), de la caída de los matrimonios…, hasta de la menos asistencia de gente a la plaza de San Pedro.

En fin, una pena. Se les responsabiliza de todos los males que achacan a la Iglesia. Como si en su reducido periodo al presente de la Iglesia hubieran sucedido: la pederastia, las corruptas practicas en el IOR, los vicios y males de la Curia, la pérdida del continente Iberoamericano a manos del protestantismo y sectas varias, el avance de la increencia y el vaciamiento de iglesias, conventos, etc. en Occidente. Nada de esto se debe a su papado, sino que es algo que se ha producido antes y que se extiende hasta hoy día, por inercia, pero no por efecto del Papa actual.

A este respecto, permítasenos el siguiente comentario: Este Papa ha hecho y está haciendo lo que sus antecesores (el santo Juan Pablo II, incluido) no han hecho, meter mano a la Curía y la IOR, que tantos escándalos han causado y causan -cual secuaces del Anticristo- espantando de la fe a mucha gente y avergonzándonos a muchos cristianos. ¿Qué hizo al respeto sus antecesores, o con la pederastia, con el boato de tanto purpurados (con los Bertones de turno, palaciegos y vividores, más salidos de la novela “El perfume de la rosa” que otra cosa, etc.). En fin, que llega un Papa que trata de cambiar este estado de cosas, que vive humildemente en la residencia Santa Marta, que habla y testimonia a un Dios misericordioso, lleno de ternura, etc., etc.

Para echarse a llorar… Pero bueno, ya nos ha advertido el Cielo de lo que iba a suceder en tiempo como estos. Son cientos las revelaciones y profecías hablando de lo que iba a ocurrir: de los enemigos que iban a acerca al Santo Padre…

Continuaremos tratando del asunto, pues hay mucho de qué hablar.

 

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