El marxismo cultural

El pensamiento único: el  progresismo, o sea el materialismo cultural, tanto de izquierdas como de derechas. A esto se ha llegado. En sentido estricto ha modificado el significado, o por ser más precisos, ha quedado obsoleto la antigua división izquierda-derecha.

La izquierda ha ganado la partida, se ha autodenominado eufemísticamente: fuerzas progresistas (¿A ver quién es el guapo que se opone a esa palabra mágica: progreso?). Y la derecha ha perdido expresión de impacto: conservadores, es un término clásico, manoseado, desgastado, sin fuerza; y máxime en un mundo del constante cambio, líquido, relativista…

El materialismo marxista es más grave de lo que nadie imagina, pues incluso hasta el liberalismo lo profesa en cuanto solo admite la materia como única razón de lo que existe, negando el alma trascendente.

Ya advirtió la Santísima Virgen en Fátima sobre el peligro de la extensión de esa concepción desde Rusia al resto del mundo y posteriormente también lo hizo al hablar al padre Gobbi sobre las bestias del Apocalipsis…

Siguiendo a Marx, las izquierdas focalizaron su lucha en la estructura económica, no en las superestructuras o ideologías; el capitalismo, los propietarios de los medios de producción eran los enemigos a batir… Ahora, esto ya no es así: la lucha de la gente de izquierdas ya no es en la economía, pues la comparten ante el triunfo de un capitalismo moderado, del que participa, no hay otro sistema que el libre mercado; los propios políticos de izquierdas son muchos de ellos, personas adineradas, con propiedades, etc. e incluso muchos de ellos son miembros de consejos de administración de empresas multinacionales o del IBEX 35 (o de cualquier otra bolsa), lobby del Ibex —200 “inversores”— que vive del monopolio y del favor del Gobierno, más especuladores dedicados a comprar España a precio de saldo.

El marxismo, aunque ha caído como modelo económico, sigue queriendo ser modelo antropológico. Tras el fracaso del marxismo soviético y la perdida la batalla de los modelos económicos. Ya no aspira a subvertir las relaciones de producción. El hecho económico, pues, no es el caballo de batalla de los partidos políticos. Ahora en terreno de sus luchas es el de los valores y principios, generalmente morales; pero no entre ellos, pues tantos los unos como los otros participan de la misma cosmovisión materialista. ¿Entonces…? El liberalismo, o progresismo de derechas, se ha unido las izquierdas, que se autodenominan a su vez fuerzas progresistas. O sea, que todo pensamiento actual político ha devenido en un fenómeno «progre»; es decir, en un materialismo cultura, que pretende transformar la sociedad a través de los iconos de la revolución del 68: la ingeniería social, la revolución sexual, el feminismo, el homosexualismo, el aborto, la eutanasia, la ecología, la bioética, la educación, el modelo de familia….

¿Y quién, pues, se encuentra ante esta común y única visión política, como alternativa opositora…, si es que la hay? Solo quedan: la realidad u orden natural y la cosmovisión (espiritual y moral) cristiana. 

Ese materialismo progre establecido como cultura global y pensamiento políticamente correcto se ha asumido como única verdad.

La lucha del un combate entre el marxismo cultural heredero de la Escuela de Frankfurt es, pues, contra el pensamiento tradicional de quienes creen en las verdades de la religión y/o en la ley natural.

Acabar con la ley natural, con el orden establecido en la creación, desde siempre, para subvertir la realidad, solo cabe que se precipite el caos, y pretender exterminar la visión que dimana de la traición cristiana, trascendente y con vocación de eternidad, no va a ser nada fácil, por muy poderosos y unidos que estén los progres ideólogos materialistas.

Bajo la influencia y el adoctrinamiento constante de los medios de comunicación, la prensa, el cine, la educación, completamente progresistas, impulsan el marxismo cultural, y atacan a cualquier que hable con el sentido común de siempre y que se atrevía a decir lo que muchos o todos piensan, pero que nadie se atreve a decir para evitar el mazo de la dictadura de lo políticamente correcto”  y te apliquen un delito tipificado como «crimen de odio».

A la Ley Natural la tratan de reliquia ideológica y un vestigio del pasado, y a la Iglesia, a la que tienen como el enemigo a batir, la fustigan en cuanto pueden y más, a base de «fake new» o agrandando sus defectos hasta límites insospechados.

 

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