Quien domina el lenguaje poniendo nombre a las cosas se «apropia» de ellas. Y todo ello forja el pensamiento y la cultura.
Resulta sorprendente hasta cierto punto, como en el caso del lenguaje, está la realidad anticristiana llena de detalles, creando una cultura -como en el caso de las leyendas negras- de animadversión contra la religión cristiano-católica. Tal vez sea -como se suele decir- que el diablo está en los detalles. Pero, y sobre todo, lo que si llama la atención es la gran cantidad de coincidencias aquí y allá de cosas anticristianas -y por ende antihumanas-, como si fueran partes de una orquesta que al toque de la batuta del Maligno hace que todo lo malo cristianofóbico resuene diabólicamente.
En el mundo está presente el diablo y sus secuaces más de lo imaginable; influyendo en nuestras vidas sin que seamos muy consciente de ello; y más desde que la gente ha dejado de creer…, de creer en Aquel que lo pone en evidencia y lo hace retroceder. Cuando uno se para sobre este tipo de reflexiones siempre le asaltan a la mente las palabras tremendas de san Juan: «el mundo entero yace en poder del Maligno.» (1 Jn 5,19b).
El habla cotidiano está sembrado de términos cristianos en versión negativa. Sirvan como botón de muestras estos -a las que se podrían añadir otras muchas, con tan solo atender a lo que se dice e incluso saliendo de nuestros labios-:
- Inquisición, inquisitorial. Ha quedado como algo establecido como término de lo que entendemos; no se usa otra terminología jurídica, policial, etc.
- Soldar un sermón o una homilía. Para despreciar como algo soporífero un discurso; incluso aunque sea político, cuando bien se podría usar «mitin» con connotaciones negativas.
- Escatología. Algo que hace referencia las realidades teológicas, celestes, trascendentes; en cambio, se usa para hacer alusión a heces.
- Salmo responsorial. Que forma parte de la liturgia de la palabra en misa (salmo que se repite cuatro y cinco veces), y que se usa profanamente como desprecio haciendo alusión a alguien que se repite.
- El monaguillo de tal. Para referirse a alguien que de apariencia insignificante se apresta a servir lacayamente de apoyo (generalmente de un partido político a otro. a veces como tontos útiles).
- Hostia, copón. Se usan con toda naturalidad en el lenguaje común, sin reparar en su connotación blasfema.
…
Para desgraciado de todo, el relato cristianofobo ha tenido éxito…, pero hoy día se hace asfixiante.
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