El caballero de la armadura oxidada

Su entusiasmo era tal que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no es nada fácil.

— Herrero —dijo el caballero— tengo un problema.

— Sois un problema, señor —dijo socarronamente el herrero, con su tacto habitual.

 

— Hay alguien que puede ayudaros, caballero, a sacar a la luz vuestro yo verdadero.

 

— Cuando la armadura desaparezca y estéis bien. Sentiréis el dolor de los otros también.

 

— Quizá siempre os habéis tomado la verdad como un insulto — dijo Merlín, compartiendo la zanahoria con algunos de los animales.

 

— Una persona no puede correr y aprender a la vez.

— ¿Estáis diciendo que la vida es buena cuando uno la acepta? —preguntó el caballero.

— ¿Acaso no es así? —replicó Merlín, levantando una ceja divertido.

— ¿Esperáis que acepte toda esta pesada armadura?.

— Ah —dijo Merlín— no nacisteis con esa armadura. Os la pusisteis vos mismo. ¿Os habéis preguntado por qué?.

 

— No os excuséis —dijo Merlín— Acabáis de dar el primer paso para liberaros de vuestra armadura.

 

— Yo no seguí ningún sendero —dijo el caballero— ¡Estuve perdido durante meses!

— La gente no suele percibir el  sendero por el que transita —replicó Merlín.

— ¿Queréis decir que el sendero estaba ahí pero yo no lo podía ver?

— Sí, y podéis regresar por el mismo, si asó lo deseáis; pero conduce a la deshonestidad, la avaricia, el odio, los celos, el miedo y la ignorancia.

 

— Estáis empezando a ver las diferencias en otras formas de vida porque estáis empezando a ver las diferencias en vuestro interior.

 

—Cuando aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones.

 

— Uno no puede ver realmente hasta que comprende —dijo el Rey

 

— La mayoría de la gente está atrapada en su armadura —declaró el rey.

— ¿Qué queréis decir? —preguntó el caballero.

— Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos.

 

— Permanecer en silencio es algo más que no hablar —dijo el rey— Descubrí que, cuando estaba con alguien, mostraba sólo mi mejor imagen. No dejaba caer mis barreras, de manera que ni yo ni la otra persona podíamos ver lo que yo intentaba esconder.

 

— Estoy empezando a entender. ¿He podido comprender el dolor de Julieta porque soy parte de ella?

 

 


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.