Dios ha escogido a los descartables

La segunda lectura de la liturgia hoy 29 de enero, (1 Cor 1,26-31), nos revela algo inaudito, incomprensible y hasta inaceptable a los ojos de la lógica del mundo actual, la de la mundanidad: Dios ha escogido a los que no cuentan, a la gente baja y despreciable …

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,26-31):

FIJAOS en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.
Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.
Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

 

Más adelante san Pablo nos sigue diciendo:  «Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: Él caza a los sabios en su astucia. Y también: El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos. Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres« (1 Cor 3,18-21a).

Es cierto que Dios no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige. Es más, justamente esta incapacidad posibilita por la humildad de la necesidad la disposición necesaria para que Dios actúe libremente en esa persona que se ofrece desnuda, sin atavíos intelectuales ni de ningún tipo que dificulten la acción de la gracia divina.

Dios nos descoloca:  a esos que para el mundo son susceptibles de ser deshechos, justamente a esos Dios les ha preferido. Él ha querido que fuera así. Como diría Jesús, porque al Padre le ha parecido mejor (Cf. Mt 11,25ss). Es todo. No hace falta romperse la cabeza buscando un porqué; es suficiente la voluntad de Dios para que a nosotros nos parezca perfecto y asintamos con gratitud.

A tener en cuenta: una), que Dios posibilita a quien confía en él; luego el grado de fe, de confianza, de disponibilidad a ponerse en sus nanos, es determinante para ser capacitado y llevar a cabo el encargo o voluntad de Dios, aunque las dificultades parezca a priori superar nuestras fuerzas. Y otra), que aunque estemos capacitados por naturaleza o dotados sin ser conscientes del don recibido, siempre es gracia de Dios; por lo tanto se ha de estar agradecido con actitud humilde.

Que el Señor nos libere de una excesiva confianza en la sabiduría humana, de la soberbia y de los temores que conlleva, de manera que seamos sencillos y humildes –necios a los ojos del mundo-  y así dispuestos a confiarnos en la “locura de Dios”,  que ha elegido a pescadores para hacerlos sabios y llevar a cabo la misión de predicar al mundo entero la buena nueva del Evangelio.

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

 


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