«Dios existe», Antony Flew

El famoso promotor del ateísmo Antony Flew creyó a los 81 años… y escribió «Dios existe»

Antony Flew

J. Ginés /ReL, 8 enero 2013

La editorial Trotta ha publicado recientemente «Dios existe«, el libro de argumentos a favor del deísmo que el famoso filósofo ex-ateo Antony Flew publicó en 2007 en inglés, levantando una gran polvareda.

El personaje y su pensamiento es de lo más relevante, pero el contexto en el que llega lo es más aún.


Los ateos se divulgan; los teístas, no

Como explica el filósofo de la ciencia Francisco José Soler Gil en su interesantísimo prólogo, en español se traducen enseguida en grandes casas editoriales todas las obras de lectura ágil de los divulgadores internacionales del nuevo ateísmo grosero, mientras que las trabajadas respuestas de los filósofos o pensadores teístas o cristianos no se traducen nunca o sólo en pequeñas editoriales de muy poca difusión.

Ateo notorio que cambió de visión

Así, Trotta va contracorriente al traducir con el título «Dios existe» el libro de 2007 «There is a God: How the World´s Most Notorious Atheist Changed his Mind» («Hay un dios: cómo el ateo más notorio del mundo cambió de opinión«, de Antony Flew, con la ayuda de Roy Abraham Varghese

Se puede debatir cuán notorio era Flew como ateo, pero sus credenciales filosóficas son elevadas. A él se acude cada vez que en una discusión por internet alguien comenta la falacia de «ningún verdadero escocés» («ningún verdadero escocés cometería ese crimen; ¡vaya!, ¿lo cometió?, entonces es que no era un verdadero escocés»; la desarrolló Flew en 1975 en su libro Thinking About Thinking: Do I Sincerely Want to Be Right?).
Hijo de pastor, ateo a los 15 años

Aunque era hijo de un ministro metodista, a los 15 años Antony Flew ya no tenía fe.  De estudiante acudía a los debates del Club Sócrates de C.S. Lewis en Oxford, cuya inteligencia admiraba, pero cuyos argumentos éticos a favor de Dios no le convencían. El problema del mal en el mundo, entre otros, le convencieron ya entonces de que no había Dios, o más aún, de que era un concepto vacío.

Flew fue el pensador inglés que, desde la década de los 50 a la de los 80, ofreció argumentos más refinados para la defensa del ateísmo. Aprendiendo de la metodología jurídica planteó que igual que no hay culpable hasta que se demuestra la culpabilidad (presunción de inocencia) hay que partir de la «presunción de ateísmo» y que la carga de la prueba debería recaer sobre el teísmo.

Pero Flew cambió de opinión a medida que estudiaba más biología, y muy influido por su colega filósofo Richard Swinburne, un inglés convertido del anglicanismo a la ortodoxia griega.
Definamos bien las cosas

Por ejemplo, Flew siempre insistió en que en filosofía es importantísimo definir las cosas, y la definición de Dios de Swinburne (un dios deísta, filosófico, previo a la revelación) le parecía operante.

Cambiar a los 81 años

Flew empezó a presentarse como deísta en diversas entrevistas y publicaciones en 2004: tenía 81 años, y creía que la evidencia apoyaba la existencia de una inteligencia creadora, y que el azar y la necesidad o el mero materialismo no eran suficientes para explicar la complejidad del mundo.
El libro de la discordia atea

El 8 de abril de 2010 murió el filósofo con 87 años. La prensa mundial (pero la española casi nada) se hizo eco de que un famoso ateo de toda la vida había muerto como deísta. Los adherentes del ateísmo gruñón volvieron a hablar de «senilidad», sin pruebas médicas que acreditasen nada.
La atea conservadora y el escocés tomista

Un caso que lo ejemplifica desde un ateísmo menos feroz fue el de Jillian Becker, conocida personal de Flew («ambos éramos ateos conservadores», dice ella) que desde California escribió a Inglaterra, al «Telegraph», admitiendo que Flew le había explicado que sólo la existencia de «una inteligencia» puede explicar el universo. Pero lo lamentaba y protestaba: «¿es que el hombre que mejor ha defendido el ateísmo desde David Hume ha de recordarse como un deísta sólo porque se le ablandaron los sesos en sus últimos años

En respuesta a Becker escribió el filósofo católico escocés John Haldane, reputado tomista y padre de familia. Haldane recuerda sus largas charlas con Flew en 2004 cuando filmaban un documental sobre filósofos, Dios y la ciencia, dirigido por Varghese.

«Le faltaba su antiguo vigor y agudeza y él mismo dijo que sufría algo de afasia disnómica, pero era claro acerca de los temas que le habían llevado  pensar que la estructura fundamental física del universo y tipos particulares de complejidad microbiológicas apoyaban la hipótesis de una fuente creadora inteligente«, escribió Haldane. Y añadió: «tengo cartas escritas a mano de todo un año debatiendo este razonamiento. En abril de 2005 escribió de su conversión al deísmo einsteniano. También mencionó su admiración por el liderazgo de Juan Pablo II.»

En uno de sus textos, Flew explicó lo que le había llevado a su cambio.
La vida requiere Inteligencia, no sopa

«Dos factores fueron especialmente decisivos. Uno fue mi creciente empatía con la idea de Einstein y de otros científicos notables de que tenía que haber una Inteligencia detrás de la complejidad integrada del universo físico. El segundo era mi propia idea de que la complejidad integrada de la vida misma —que es mucho más compleja que el universo físico— solo puede ser explicada en términos de una fuente inteligente. Creo que el origen de la vida y de la reproducción sencillamente no pueden ser explicados desde una perspectiva biológica, a pesar de los numerosos esfuerzos para hacerlo. Con cada año que pasa, cuanto más descubrimos de la riqueza y de la inteligencia inherente a la vida, menos posible parece que una sopa química pueda generar por arte de magia el código genético. Se me hizo palpable que la diferencia entre la vida y la no-vida era ontológica y no química. La mejor confirmación de este abismo radical es el cómico esfuerzo de Richard Dawkins para aducir en El espejismo de Dios que el origen de la vida puede atribuirse a un “azar afortunado”. Si este es el mejor argumento que se tiene, entonces el asunto queda zanjado. No, no escuché ninguna voz. Fue la evidencia misma la que me condujo a esta conclusión.»
Un ateo respetuoso, un deísta serio

«La seriedad con la que Antony Flew abordó desde el principio los argumentos teístas, su esfuerzo por formularlos del modo más fuerte posible, antes de emprender su refutación, su confianza en el poder de los argumentos para resolver la controversia entre teísmo y ateísmo, y su negativa a utilizar como clave de su análisis el recurso a tales o cuales intereses ocultos en el discurso teísta, convertían a Flew en un ateo muy poco común», escribe Soler Gil.
Nietzsche, Marx y Freud no usaban la razón

Y lo compara con otros casos. Así, por ejemplo, Nietzsche, Marx y Freud no criticaban a la religión desde la razón, no buscaban la argumentación, sino que buscaban sospechas contra ella: «la voluntad de poder, o la infraestructura económica, o las pulsiones del subconsciente, u otras cualesquiera (desde el miedo a la muerte al instinto sexual o las determinaciones genéticas). En todo caso, no la razón», denuncia Soler Gil.

Confió en la razón y la siguió

Por eso Flew es un personaje peculiar: por haber sido un ateo verdaderamente filósofo. En una época de desconfianza hacia la razón, a él le guió «una confianza instintiva en el poder de la razón, que encontró finalmente su sentido en el momento en el que los argumentos condujeron al filósofo a concluir que la fuente, tanto de ese poder como del modo de ser de la naturaleza en general, es la racionalidad divina«, concluye Soler Gil.

Fuente y texto completo: http://www.religionenlibertad.com/el-famoso-promotor-del-ateismo-antony-flew-creyo-a-los-81-26936.htm

 


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