Cuidado con las caricias hechas al espíritu de la época

La iglesia ha de mantenerse firme en sus principios indeclinables. No caben componendas, que echen agua al vino del Evangelio. Aunque cueste “sangre”, no se ha de licuar la doctrina mimetizándose con la sociedad líquida. Aunque haya poderosas razones —”que nunca las ha de dejar de haber”— no hay que dar un paso atrás; tampoco un paso más allá de donde se marca el límite de la fidelidad.

Y estas son algunas de esas razones, que inducen a tratar de ceder buscando alguna componenda: por mostrar un rostro amable, por no resultar extraña al mundo, por aproximarse para hacer llegar su mensaje, por no ser excluida del debate, de dar su opinión en foros forjador de opinión, por ser escuchada en la sensibilización hacia valores cristianos, por tener influencia, por ser tenida en cuenta, respetada, por sus instituciones (para que sean apoyadas financieramente o no mermadas en sus legítimos derechos por motivos ideológicos o políticos), etc., y porque así podrás “evangelizar” algo. Estos y otros motivos, en Occidente, y en el resto del mundo, por -incluso- algo tan fundamental como salvaguarda la vida o la libertad de los fieles o del clero, ante regímenes dictatoriales o fanatismos religiosos. En fin, que siempre existirán razones, y más que estas.

Pero y aunque sean poderosas razones, y en todo caso por evitar la persecución (acosada intelectual, social, etc. o violentamente), no se puede ceder en la cuestiones fundamentales de la doctrina, del credo…, y cuestiones indeclinables como la eutanasia, el aborto, la ideología de género, la libertad, la justicia, la corrupción…, y jamás en ejercer su función profética de denuncia, aun sin dejar de ser misericordiosa.

Ya nos ponía en guardia la beata Ana Catalina Emmerick al hablar de los demoledores de la Iglesia: por “las caricias hechas al espíritu de la época por parte de los servidores de la Iglesia”.

Y todo esto, aunque nos vaya la vida en ello. Es decir, aunque la Iglesia acabe como su Señor y Cabeza, crucificada.

Terminamos con significativa la lectura del santo evangelio según san Juan (15,18-21) de la liturgia del día de hoy, 8 de mayo de 2021:

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: “No es el siervo más que su amo”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
Y  todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió».

ACTUALIDAD CATÓLICA