La lógica impone una conclusión a la que muchos anti-Dios se resisten Es célebre la sentencia de Fiodor Dostoievski en Los hermanos Karamazov: «Si Dios no existe, todo está permitido«. Pero ¿tiene fundamento? Un reciente artículo en Unione Cristiani Cattolici Razionali (página web de apologética católica basada en la ciencia y la razón), publicado bajo el título «La líquida amoralidad, única elección coherente si no hay Dios«, argumenta que sí basándose tanto en autores ateos como teístas:
Si Dios no existe, entonces no existe el fundamento de la moral, no se puede hablar de valores, de derechos, ni de un Bien o de un Mal absolutos, sino sólo de un débil y caprichoso relativismo extremo. Quien lo ha reconocido ha sido Joel Marks, filósofo laico de la Universidad de New Haven, en su Manifiesto amoral: «He hecho el sobrecogedor descubrimiento de que los fundamentalistas religiosos tienen razón: sin Dios no hay moralidad. El ateísmo implica amoralidad y puesto que yo soy ateo debo, en consecuencia, abrazar la amoralidad». No emitir ningún juicio de valor (el «no lo sé» de Dillahunty) se convierte, así, en el enfoque obligado. Además, es un punto de vista frágil porque apoya el relativismo e implica no tener obligación moral alguna. «Supongamos, por el mero placer de discutir, que valores morales como la justicia, el amor y la tolerancia subsisten por cuenta propia. ¿Por qué deberían imponerme una obligación moral? ¿Por qué la existencia de este reino de las ideas debería hacer de mí una persona misericordiosa? ¿Quién o qué establece dicha obligación?». Hay que observar, también, que si se asume este punto de vista, significa que «vicios morales como la codicia, el odio o el egoísmo presumiblemente existen también como abstracciones. En ausencia de un Legislador moral, nadie me obliga a alinear mi vida a una serie de ideas abstractas más que a otra. En ausencia de una Ley moral dada, la moral atea platonista no tiene ninguna base de obligación moral». Por lo tanto, volvemos al principio. Sin Dios todo está permitido. Pero la consecuencia más devastadora de tener que abrazar la amoralidad y el relativismo extremo es que la vida se sumerge «en una selva de obstinada pluralidad», ha explicado el filósofo francés Philippe Nemo, director del Centro de Investigación en Filosofía Económica en la ESCP Europe. «La ausencia de una visión unificadora» condena a afirmar que el «no-Sentido sería el único y verdadero Sentido. Las grandes catástrofes como la Shoah [Holocausto] deberían haber hecho razonar al hombre moderno: si de hecho no existe un Bien absoluto, ¿qué sentido tiene hablar de un Mal absoluto? Y si no existe un Mal absoluto, ¿qué sentido tiene, entonces, condenar la Shoah?». De este modo, las actividades humanas vinculadas al no-sentido «y privadas de un fundamento transcendente, se dispersan en un absurdo movimiento browniano, que condena al hombre a intentar crearse un significado a su medida, según una preocupación parcial de la que es muy consciente y comprendiendo, justamente, que todas las pequeñas cosas de las que él se ocupa acabarán en el abismo al no estar amparadas por algo más grande» (Philippe Nemo, La bella muerte del ateísmo moderno). Traducción de Helena Faccia Serrano. Fuente: https://www.religionenlibertad.com/polemicas/56816/cuatro-filosofos-ateos-dos-teistas-explican-por-que-dios.html |
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