Jesús, el Señor, esgrimió —y nos enseñó— que las obras y los frutos eran la razón válida para discriminar sobre una certeza digna de creer en ella.
En varias ocasiones lo expresó:
«Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Al menos, creedlo por las obras.» (Jn 14,9-11).
«Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos.» (Mt 7,15-18).
«Supongan que el árbol es bueno: el fruto también será bueno. Supongan que el árbol es malo: el fruto también será malo. Porque el árbol se conoce por su fruto. Raza de víboras, ¿cómo pueden ustedes decir cosas buenas, siendo malos? Porque la boca habla de la abundancia del corazón. El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; y el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad.» (Mt 12,33-35).
Un caso curioso:
Hace unos días un sacerdote despreciaba las supuestas apariciones de Medjugorje en términos de que fueran un montaje con connotaciones comerciales…
No había estado allí, y sin embargo, opinaba de esa guisa, sin el menor comedimiento.
Una de las cinco personas que formaban el corro afirmó que ella sí había estado allí y que creía en Medjugorje.
El sacerdote la interpeló -sorprendiendo- si había visto a la Virgen en alguna aparición. No, respondió. Pero enseguida se repuso, y replico a su vez: ¿Y usted cree en otras apariciones como Lourdes, Fátima…? Y si no ha visto a Cristo, por alguna aparición…, ni tampoco ha visto su resurrección, sino contada por videntes (los apóstoles), ¿a caso no cree…?
Las obras y los hechos (lo que las personas que han visitado Medjugorje han vivido y experimentado) les han marcado; todo el mundo ha percibido algo especial allí. Y los frutos son evidentes: miles de conversiones, millones de confesiones, millones y millones de comuniones eucarísticas, multitudinarias adoraciones eucarísticas, miles de misas, miles de millones de rosarios, viacrucis, etc., infinidad de penitencias, reparaciones y sacrificios (son miles las personas que ayunan, una o dos veces a las semana, a pan y agua), los cientos de exorcismos realizados, los muchísimos casos de «descanso en el espíritu» y otras fuertes sensaciones de presencia divina que renueva, transforma…
En fin los frutos son aplastantemente evidentes. Sin embargo, aún así hay quien se niega a reconocerlos.