Consagración de Rusia y Ucrania al Corazón de María

El Papa Francisco consagrará Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María el viernes 25 de marzo durante una celebración penitencial en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Será a las 5:00 p.m. hora de Roma. Consagración a la que se unirán todos los obispos del mundo y el papa Benedicto XVI. Y también, según el Vaticano: “el mismo acto, el mismo día, será realizado” en el Santuario de la Virgen de Fátima (Portugal).

Creemos que con la consagración de Rusia -aunque sin nombrarla- a su Inmaculado Corazón que se llevó a cabo en 1984, por el papa san Juan Pablo II, tuvo sus efectos, en cuanto a la desvinculación el marxismo materialista o comunismo, y dejó de ser fuente de esparcimiento. Esto fue tal y como lo pidió la Virgen de Fátima: «Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia». Y tuvo sus efectos.

La perversión y la maldad siempre acecha a los seres humanos, y no sabemos qué ambiciones oscuras alimentan ahora a los dirigentes rusos (al autarca Putin), para acometer una guerra tan inhumana. No son razones de tipo propiamente comunistas si no de otra índole. Y no creemos que la violencia se amplie a otras partes del mundo, sino que quede ahí colocalizado. Lo peor sería si China diera un paso adelante; esperará su momento; no pensamos que sea justamente ahora. Pero es el gran peligro real para la Humanidad.

De modo que el verdadero peligro se ha trasladado al enorme Dragón rojo (del Apocalipsis, según revelaciones al padre Gobbi) es el ateísmo marxista que se presenta con diez cuernos, es decir con la potencia de sus medios de comunicación para conducir a la humanidad a desobedecer los diez mandamientos de la Ley de Dios.

Está bien que esta consagración de ambas naciones envueltas en este confrontación bélica donde tantas personas está muriendo y tanto sufrimiento se está padeciendo. Pero no olvidemos otras guerras en otras partes del mundo; también requieren del manto protector de Nuestra Madre la Virgen Santísima.

«Que la Madre de Dios, Reina de la Paz, acepte nuestra oración: Regina pacis, ora pro nobis».


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